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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

El agua bajo la arena y una ventana

Despertó con las manos hundidas en la arena y entonces fue consciente de que aún dormía. Siempre disfrutó de la invasión subterránea del agua del mar al alcanzar sus dedos enterrados a tan sólo unos metros de la orilla. Disfrutaba del frescor del agua al colarse sigilosa entre el arenal. Era como inspirar aire puro, como inhalar vida a través de sus manos empapadas de salitre y aluvión. Nunca le gustaron los castillos de arena, ni jugar con la pala y el rastrillo, la arena le escocía, no era amable. La arena era un mal necesario que debía atravesar cuando las olas rompían sobre la playa. Tan sólo se aproximaba a la orilla para enterrar sus manos en la arena. Tenía tres años o poco más y, aunque hay quien asegura que no somos capaces de retener recuerdos hasta unos años después, nunca olvidó el placer descubierto de niño en aquellos días de vacaciones. Después, en a cada ocasión que visitó el mar renovó el ritual y le resultó igualmente agradable. Revitalizante. Desde la ventana la ciudad parecía desértica, los adoquines fundían con el asfalto sin que nadie les diera uso. Los semáforos alternaban colores ante la indiferencia de nadie. Levantó el ventanuco de guillotina del salón e inspiró con fuerza. Llovía y el aire ofrecía un buen sabor. Todo iba a ir bien./Javi Muro

 

* Fotografía: Minerva del Valle @miner3836



Autor: Javier Muro

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