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La cerveza bajo la sombra del Imperio Romano

Como bien es sabido, durante el periodo de mayor dominio del Imperio Romano en gran parte del mundo, se impuso la cultura del vino en todas aquellas zonas que se encontraban bajo su control. Los pueblos bárbaros del Norte de Europa (Germanos, Galos, Celtas) eran considerados por los romanos como pueblos consumidores de cerveza y por ello menos inteligentes y más salvajes. A pesar de esto y de la consideración que los romanos tenían de la cerveza, el consumo de esta bebida en las provincias de Roma era habitual, aunque no era una bebida primordial como sí lo era el vino. Otro de los factores importantes para que se diera este echo era que en determinadas zonas de Italia el cultivo de la vid era muy favorable y próspero, y muchos de los terratenientes romanos poseían grandes extensiones de cultivo de vid, por lo tanto, económicamente también les favorecía que se consumiera más vino, relegando de esta manera el cultivo de cereal a un plano de necesidad alimentaria básicamente.

 

La cerveza se bebía, sobre todo, en las provincias del oeste y del norte de Italia, provincias donde el clima no favorecía al cultivo de la vid. Otra de las bebidas autóctonas del norte de Europa, sobre todo de los pueblos escandinavos, era una fermentación de la miel conocida como Hidromiel, y que aún hoy en día se sigue elaborando y consumiendo aunque en menor medida que la popular cerveza.

 

Un ejemplo claro de la poca popularidad que poseía la cerveza entre los romanos se puede comprobar en que apenas aparecen recetas que incluyen la cerveza en una de las más copiosas obras sobre el arte culinario de la clásica Roma, el libro “De re coquinaria” de Marco Gavio Apicio, un gastrónomo romano del siglo I d. C. considerado como el primer “gourmet” de la historia, existiendo, sin embargo, una gran cantidad de ellas que incluyen al vino, no solo como acompañamiento y bebida, sino también como como ingrediente. 

Hay otras pruebas que demuestran la mala fama de la cerveza en el Imperio Romano, sobre todo entre sus emperadores y gobernadores, el emperador Flavio Claudio Juliano (Juliano el Apóstata) compuso un poema en el que adoraba las virtudes del vino y sin embargo comparaba el olor de la cerveza con el de una cabra. También el historiador, senador y gobernador Cornelio Tácito comparaba la cerveza con los vinos avinagrados, al igual que el también historiador Diodoro Sículo la mencionaba como vini corruptus.

 

Con la expansión romana, la cultura del vino se extendió hacia toda la tierra conocida, implantándose sobre los diferentes territorios y culturas, sin embargo, el peso del vino será muy distinto en cada una de ellas. Los celtas, por ejemplo, adoptaron el vino como principal bebida, aunque no en los rituales religiosos, como la tradición de mezclarlo con agua. Los pueblos germanos tardaron mucho tiempo en adoptar el vino (siglo IV dC), manteniendo la tradición de consumir cerveza principalmente, y los egipcios siguieron consumiendo cerveza más allá de la conquista de Alejandro Magno en el siglo IV aC. 

 

Ya en época de Claudio Ptolomeo I (305 - 282 aC), científico y divulgador que vivió en Egipto y trabajó en la famosa biblioteca de Alejandría, se introdujo la regulación sobre la venta y producción de cerveza, apareciendo el control estatal sobre este producto, hecho que da fe de la importancia que tenía entre todas las clases sociales. Con el tiempo, el vino fue adoptado por las clases más pudientes y poderosas, pasando a un plano mucho más social y elitista, mientras que la cerveza se mantuvo como un alimento básico y una bebida de las clases bajas.

 

Tras la conquista romana, cesó la regulación estatal sobre la cerveza y las clases altas continuaron importando vino desde Italia. Definitivamente, en el siglo IV dC el vino se había convertido en la bebida por popular entre la población, no solo de Italia, sino también de medio mundo.

 

Gayo Plinio Segundo, conocido como Plinio el Viejo (25-79 dC), uno de los principales historiadores romanos, también menciona la existencia de diferentes bebidas a lo largo del Imperio, y entre esas bebidas recopiló y describió varios tipos de cerveza, como la Zythum en Egipto, Caelia/Cerea en Hispania, aunque los astures también bebían una cerveza a la que llamaban zythos, y Cervesia en Galia. No obstante no mostraba mucho aprecio hacia esta bebida cuando la mencionaba en sus textos. Menciona por ejemplo que su consumo se producía en aquellas regiones con climas más duros y fríos, lo cual, para él, también condicionaba el carácter de sus gentes.

 

El siglo I fue un periodo de expansión vitivinícola en Europa, diversos decretos de emperadores romanos favorecían su comercialización disminuyendo impuestos frente a otras bebidas. Una vez más lo que buscaban era un mayor beneficio económico para ellos mismos. Los legisladores romanos hicieron referencia al zythum y cervesia como bebidas de diferentes provincias del Imperio, aunque no especificaban cuales. 

 

En el año 301 dC, en época del emperador Diocleciano, se redactó un escrito conocido como el Edicto sobre Precios o el Edicto de Diocleciano, que era una relación de precios de más de 1.300 productos entre los cuales se encontraban los precios máximos para un sextario (el equivalente a una pinta) de los diferentes tipos de cerveza que se consumían. La Cervesia de trigo o la Camum de cebada costaban 4 denarios, la Zythum 2 denarios, mientras que el vino más peleón y económico costaba un mínimo de 8 denarios y el vino que llevaba guarda y de mayor calidad costaba entre 16 y 30 denarios.

 

Esta diferencia de precio resulta difícil de explicar, si no fuera por motivos meramente económicos y particulares, ya que el proceso de elaboración de cerveza era más costoso. Posiblemente deba explicarse por una cuestión ideológica en la que el vino tenía una mayor consideración que el resto de las bebidas y, por lo tanto, debía tener un mayor valor.

También se encuentran referencias a la cerveza en la medicina romana. Celsus (25 aC-50 dC), en su obra De Medicina, habla de las propiedades de determinadas bebidas, haciendo referencia al alto valor nutritivo de algunas de ellas realizadas a base de cereales. Discórides (40-90 dC), así como otros médicos de la antigüedad, se refieren al zythos como una bebida diurética, pero que afectaba a los riñones y los tendones, siendo mala para las membranas y provocando flatulencia.  

 

El Cristianismo excluye por completo la cerveza en el Nuevo testamento, a pesar de que era una bebida muy popular en Palestina en los tiempos de Cristo, por el contrario, el vino tiene un relevante papel en la ideología cristiana, como podemos observar incluso hoy en día en las ceremonias eclesiásticas. De hecho varios autores cristianos ensalzaban la superioridad del vino por su designio divino y menospreciaban otras bebidas, especialmente la cerveza egipcia (zythos o zythum) a la que incluso le atribuían ciertas enfermedades. 

 

Son obstante, más adelante, en la iglesia católica irlandesa, la cerveza tendría un papel bien distinto. A San Patricio (siglo V dC), portador del Cristianismo a Bretaña e Irlanda, y a otros santos irlandeses se les atribuyeron varios milagros en los que intervenía la cerveza, como la transformación de agua en cerveza o la multiplicación de la cerveza, en lo que parecen ser actos de cristianización de varias leyendas paganas. Irlanda nunca fue conquistada por Roma, por lo que la tradición de bebidas alcohólicas se mantuvo y la cultura del vitivinícola no se llegó a imponer. De hecho, la recuperación de la cerveza en Europa, tras la caída de Roma, tendrá en Irlanda uno de sus principales puntos de origen, pero esta será otra historia.¡Salud!/Unai López desde 'Del grano a la copa'

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