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{ENTREVISTAS}

'Con las oleadas de cólera en el siglo XIX también hubo debate entre salud y economía, entre cerrar la ciudad o no'

El IER publica la investigación de María Antonia San Felipe 'La Rioja en los tiempos del cólera'

María Antonia San Felipe (Calahorra, 1957) ha publicado 'La Rioja en tiempos de cólera (1833-1885). El ejemplo de Calahorra), editado por el Instituto de Estudios Riojanos. Doctora en Ciencias Humanas y Sociales, San Felipe inició la investigación dos años antes de que estallara la pandemia en 2019. Cuando el libro estaba prácticamente concluido constató cómo el COVID-19 había modificado su perspectiva sobre los acontecimientos del siglo XIX y decidió que era preciso documentar la incidencia social de las diferentes oleadas de cólera. Quién se adentre el libro de San Felipe comprobará que, aún siendo sociedades absolutamente diferentes, la actitud de las personas no ha cambiado tanto: líderes que se aferran a remedios milagrosos; confinamientos de ciudades y pueblos, debate economía y salad, huida de ricos a 'lugares limpios', médicos a los que no se escucha... María Antonia San Felipe describe una sociedad española, a través del ejemplo de Calahorra, las diferentes oleadas de cólera, y la situación política con la que coinciden./Javi Muro


SPOONFUL.- ¿Cómo surge la idea de iniciar esta investigación y de publicar el resultado en un libro?

Pues como muchas cosas, por casualidad. Charlando con la historiadora Ana Jesús Mateos que estaba preparando un artículo sobre la epidemia de gripe de 1918 en Calahorra, comentamos que sería interesante hacer otro sobre las epidemias de cólera del XIX, ya que solo estaba estudiada la peste de 1600. De ese modo se completaría el panorama sobre las epidemias. Así comenzó todo con la idea de realizar un artículo para la revista Kalakorikos. Pero cuando comienzas a investigar no sabes con qué te vas a encontrar y pronto descubrí que había mucho material y muy interesante para hacer un trabajo global sobre un asunto escasamente estudiado en La Rioja. Así que, cuando lo concluí, lo envié al IER para que lo evaluara y se iniciara, si lo consideraba adecuado, el proceso de publicación. Así que este libro es el fruto de varios años de trabajo.

 

S.- Corrígeme si me equivoco, pero a pesar de las similitudes con el COVID-19, el trabajo de investigación sobre el cólera comenzó bastante antes, ¿no?

Efectivamente. Fue a finales de 2016 o 2017 cuando comencé a buscar fuentes, datos y a trascribir documentos. Cuando se inició la pandemia de Covid-19 en 2020, el libro estaba terminado a falta de correcciones para ser publicado. 

 

S.- ¿Cambia el punto de vista, el planteamiento, cuando estalla la pandemia de Covid?

Cambia totalmente. De hecho, aunque el libro estaba escrito, lo que estábamos viviendo cambió radicalmente mi visión, comprendí mucho mejor cómo impactó la epidemia en la vida de nuestros antepasados. Busqué otros recursos y amplié mucho todo lo que tenía que ver con la incidencia social del cólera, también el contexto nacional e internacional, las polémicas médicas en torno a la enfermedad, las discusiones sobre las medidas a adoptar, etc. Vamos, más o menos, como ha ocurrido en la actualidad. Los comportamientos humanos, también tienen similitudes. Si recordamos, antes de que entrara en vigor el primer confinamiento muchos españoles salieron a lugares de segunda residencia de forma masiva. En el siglo XIX los más ricos abandonaban los pueblos y ciudades epidemiadas hacia lugares 'limpios' de la enfermedad. Es un ejemplo que, a mi juicio, no deja de ser relevante sobre la condición humana en cualquier tiempo.

 

S.- Si se sitúan las sociedades de ambas épocas frente a frente, surge la cuestión de la información. Los datos y las noticas sobre el COVID han sido constantes, abrumadores, imagino que no fue así en el siglo XIX. 

La primera diferencia es que en aquel tiempo, cuando el médico del municipio llevaba al alcalde la noticia de la posible existencia de cólera, la primera reacción era ocultar el brote hasta que no quedara más remedio que hacerlo público y adoptar medidas urgentes. Esto ocurrió desde la primera oleada de cólera en 1833 y posteriormente. Así por ejemplo, en 1865, las autoridades, tanto nacionales como locales, negaron la epidemia hasta el punto de que no existe ningún dato oficial pese a su existencia constatada por la prensa de la época, incluida la prensa satírica como recojo en el libro. También en Logroño, en la oleada de 1885, se carece de datos porque no se declaró oficialmente la existencia de la epidemia, aunque, se ha constatado que hubo cólera como en el resto de la región. Esto lleva a una conclusión clara, los datos oficiales e incluso los recogidos por estudiosos de la época como Sámano o Hauser, son aproximados. Respecto a la publicidad oficial de los datos hay que decir que se anotaban por los médicos el número de invadidos, recuperados y muertos por sexo y edad pero estos datos son siempre orientativos. Hay por ejemplo diferencias según los gobiernos y los componentes de las Juntas de Sanidad nacional. Así en la epidemia de 1854-1855 se impulsó un ejercicio de transparencia y los datos se publicaban diariamente en los Boletines Oficiales de las provincias, como es el caso de la de Logroño.

 

S.- ¿Cómo fueron aquellos años del cólera?

Aquellos fueron unos años muy duros desde el punto de vista social. Por esa razón, para ilustrar esa realidad incluso he incluido un apartado que he titulado 'padecer de pobreza y morir de cólera', creo que ello resume muy bien la sociología de la escasez de alimentos y de recursos. España estaba llena de pobres y vagabundos. De hecho las autoridades adoptaban medidas para auxiliar a las clases más humildes por temor a que fueran uno de los focos de contagio y difusión de la enfermedad. 

 

Tampoco podemos olvidar otra circunstancia terrible para la población. La primera oleada de cólera coincide con la muerte de Fernando VII en 1833 y, por tanto, con el inicio de las guerras carlistas. En lugares como La Rioja y Navarra las partidas carlistas entraban en los municipios exigiendo recursos y alimentos y se producían los enfrentamientos con tropas leales a Isabel II. Cuento episodios muy interesantes sobre el abastecimiento de los ejércitos pero toda esta situación hacía que los municipios tuvieran que hacer frente económicamente a dos desastres: la guerra y la epidemia. Ambas cosas sufridas directamente por la población.

 

S.- ¿Los médicos fueron una referencia social en aquellos años de mediados del siglo XIX?

Seguramente lo eran pero no en el sentido que les damos ahora. Los médicos, contratados por los municipios, eran generalmente mal pagados y una parte de su salario era en especies, incluso en cántaras de vino. Ha sido muy interesante consultar la prensa médica de la época a la que enviaban sus experiencias y las relacionadas con el cólera son muy elocuentes para conocer la forma en que enfrentaron la enfermedad con los medios de que disponían, sus testimonios aportan detalles de la vida cotidiana de la gente muy interesantes. Además este libro contiene una topografía médica, inédita y desconocida, del médico calagurritano José María Arenzana, escrita nada más terminar la segunda oleada de cólera 1854-1855. Es muy importante para analizar lo ocurrido. Este trabajo minucioso se une al ya conocido pero escasamente estudiado de Sotero Hita Comas realizado al concluir la crisis colérica de 1885. No puedo dejar de señalar otro trabajo inédito escrito por el farmacéutico Ildefonso Zubía y por el médico logroñés Narciso Merino. Las reflexiones y la experiencia de los médicos riojanos han enriquecido mucho este libro y me han parecido realmente ilustrativas.

S.-Cólera asiático. Con las reservas de una capacidad de información mucho menor, ¿tampoco pensaban que la enfermedad pudiera llegar hasta aquí?

Es evidente que, salvo los más avisados, la mayoría de la población ni siquiera sabía que el cólera existía. La información no fluía como ahora que es un pilar de nuestras sociedades y, por otro lado, el analfabetismo era elevadísimo. La subsistencia era la única preocupación de la mayoría de la población. Pero hemos de pensar que la reacción fue semejante. Pensemos que cuando en España y en otros países tuvimos conocimiento de los primeros casos de la enfermedad originada por un coronavirus en Wuhan (China), casi no prestamos atención, pensamos que era algo lejano que nos era ajeno y que no nos afectaría, que no llegaría hasta nosotros. Lo mismo ocurrió en el siglo XIX con una enfermedad denominada cólera morbo asiático, cuyo agente causante se desconocía, y provenía de lo que se llamaba entonces el Indostán. Ni entonces ni ahora fueron y fuimos conscientes de lo vulnerables que somos y por eso la naturaleza, cíclicamente, nos lo recuerda con una nueva enfermedad, propiciada por un virus o una bacteria de la que nunca hemos oído hablar. Hay diferencias notables, entonces costó más de medio siglo identificar la bacteria que lo causaba y por tanto poder arbitrar una vacuna. Ahora, desde el principio sabíamos qué causa la enfermedad y en un año hemos conseguido las vacunas. No es poca la diferencia.

 

S.- ¿Cómo era el sistema sanitario en aquella época?

Afortunadamente, pese a las deficiencias que observamos hoy en nuestro sistema sanitario, nada tiene que ver con la estructura asistencial del siglo XIX. En 1833, en el primer brote colérico ni en los años posteriores, no había una estructura sanitaria en el territorio nacional y mucho menos un sistema coordinado. Los médicos los contrataban los municipios, incluso se los disputaron durante la epidemia, y, por supuesto, no existía una asistencia hospitalaria como hoy conocemos. En aquella época acudir a un hospital era prácticamente ir a morir y muchos, si podían pagar la atención médica, no querían salir de sus casas. Es muy interesante apuntar, cómo hubo que acudir a médicos exiliados en Inglaterra y condenados a muerte por Fernando VII, como es el caso de Mateo Seoane, para pedirle que ayudaran a organizar la estructura asistencia de nuestro país. Y lo hicieron. Estos aspectos resultan muy interesantes en el estudio que he realizado ya que no se limita solo a la aportación de datos, aunque también se incluyen para entender la época y la trascendencia del problema epidémico que vivieron nuestros antepasados.

 

S.- ¿Cómo era la sociedad de la época?

Como se sabe la sociedad del siglo XIX tiene una estructura absolutamente hipertrofiada. Hay ricos muy ricos y pobres muy pobres y entre ellos gente que sobrevive como puede. Los médicos nos describen la dieta habitual muy dependiente del pan, el tocino y la verdura de hoja verde, la más barata del mercado y el aguardiente antes de ir al campo para conseguir un aporte calórico que no da la dieta. Me viene a la cabeza una descripción que, con cierto fatalismo, hace el escritor José Nakens, director del diario El Motín, cuando afirma que la miseria generalizada hace que el cólera crezca. Refiriéndose a Madrid, afirma que en la capital los pobres son carne de todas las epidemias y con ironía, añade, que pobres son todos cuantos lo parecen y el noventa por ciento de los que pasan por ricos. Creo que es suficientemente expresivo. 

 

S.- Hubo poblaciones en la escala social más afectadas que otras por el cólera. ¿no?

No hay duda de que el cólera tuvo especial preferencia por las clases bajas, de higiene precaria, alimentación deficiente y que viven generalmente hacinados en lugares Insalubres y mezclados con los animales. Esto es muy habitual en nuestra región. Puede decirse que el mapa del cólera ofrece la mayor incidencia de la enfermedad en los barrios más pobres, generalmente con calles y espacios poco soleados y ventilados y con infraviviendas. El médico Sotero Hita, llama chozas a las viviendas de las laderas del casco urbano de Calahorra, lo que nos da una idea muy clara de la situación social de la época y de su vulnerabilidad de cara a las enfermedades, no solo el cólera, que los médicos nos describen.

 

S.- ¿El confinamiento es un concepto de ahora o también fue un recurso ante el cólera?

En general hay muchas similitudes entre las medidas que se han adoptado hoy por las autoridades con las que se tomaron en aquel tiempo. En cuanto llegaban noticias de que el cólera andaba cerca, las medidas eran claras. Se cerraban las puertas de pueblos y ciudades y se impedía entrar a nadie que viniera de un lugar epidemiado. Se instalaban lazaretos en zonas próximas para pasar la cuarentena, se fumigaban los enseres que se transportaban, se impedía el comercio. El pánico llegaba antes que la declaración de la enfermedad así que muchos, especialmente las clases más acomodadas, salían hacia lugares que se consideraban limpios. Igual que cuando se impusieron cierres perimetrales de ciudades y provincias por la Covid-19 muchos salieron rápidamente hacia lugares de segunda residencia. El libro contiene un capítulo final que he dedicado a las similitudes entre el tiempo del cólera y el tiempo del coronavirus y es que el comportamiento humano, la respuesta al miedo y el instinto de supervivencia no varía y es parecido en todos los tiempos.

 

S.- ¿Cómo reaccionaron las autoridades en 1833 y en 1885 ante los casos de cólera?

Hay que apuntar que cada una de las oleadas de cólera coincidió con crisis políticas en España. En 1833, con la muerte de Fernando VII y el inicio de las guerras carlistas. La segunda con el bienio progresista. La tercera en 1865, mostró la debilidad del sistema hasta tal punto que ocultó oficialmente la epidemia, una piedra más en el camino que concluyó con el derrocamiento de Isabel II en 1868. La oleada de 1885 su cedió con el gobierno de Cánovas duramente criticado por los liberales con argumentos muy parecidos a los que hemos escuchado estos dos años contra el gobierno. Eso en el marco político nacional. Entre las autoridades municipales lo habitual, y eso fue general en toda España, consistió en ocultar la existencia de la enfermedad hasta que el número de fallecidos hacía imposible ocultarlo. Solo en el bienio progresista hubo un interés especial en ofrecer los datos de forma transparente.

 

S.- ¿Hubo debate Salud-Economía en aquella época?

Claro, igual que en la actualidad. Los cordones sanitarios y los cierres de las ciudades impedían las relaciones económicas. Si los productos no podían salir ni entrar en los municipios, el comercio se hundía, los productos agrarios no tenían salida, los salarios diarios desaparecían y la pobreza se incrementaba, no había redes sociales gubernamentales de apoyo como ahora. Es interesante ver las discusiones en el pleno de Calahorra, por ejemplo, entre concejales que defendían el cierre de la ciudad y los contrarios, entre los comerciantes y entre los que no lo eran. Todo esto tenía mucho que ver con el desconocimiento sobre el origen de la enfermedad y la forma de transmitirse. Unos creían que el aislamiento los salvaría y otros todo lo contrario. Estos aspectos son muy interesantes de conocer y hay anécdotas de todo tipo tanto en pueblos de la Rioja Alta como de la Baja.

 

S.- Durante la pandemia de COVID hemos llegado a escuchar a presidentes de algún país asegurando que se curaba con Vicks VapoRud. ¿En los tiempos del cólera también se proponían remedios, vamos a llamarlos, ‘mágicos’?

En el país de la picaresca los oportunistas y estafadores crecen en todas partes. En esta pandemia nuestra el presidente Trump fue un propagandista de remedios improbables como el uso de la lejía. Como decía un médico del XIX, en una epidemia estaba comprobado que el sentido común era el primer enfermo y el miedo llevaba a muchos a creer en cualquier pócima curativa. Sobre los remedios mágicos para acabar con el cólera hay muchos y están perfectamente documentados. Hay casos muy divertidos. Por ejemplo, el de los supuestos chinos que curaban el cólera masajeando el vientre con un brebaje. Los médicos se enfadaban por el apoyo que algunas autoridades daban a estos falsos sanadores. Los muertos desmentían el prodigio y, como decían los propios médicos, lo cierto es que en algunas ciudades los habían engañado como a chinos. En La Rioja también hay un caso interesante muy divulgado por la prensa nacional, el método del “boteller” de Calahorra.

 

S.- ¿La situación respecto al cólera en La Rioja y Calahorra es extrapolable al conjunto a España?

Totalmente. Los datos de la incidencia son parecidos y las reacciones de autoridades locales y provinciales semejantes. Si, como he dicho, se ocultaba la epidemia el caso más llamativo en La Rioja es el ocurrido en la capital. Oficialmente en Logroño no se declaró la existencia del cólera pero estudios posteriores demuestran su existencia pero lógicamente los datos son muy escasos. Por eso, quizás, la primera conclusión es que los datos estadísticos en España y en La Rioja solo pueden ser orientativos para medir la intensidad de la epidemia en unos sitios respecto a otros. Así por ejemplo en España y en La Rioja la más letal fue la segunda oleada entre 1854 y 1855, según las estadísticas oficiales fallecieron unas 237.000 personas, quizá por el empeño en conseguir los datos precisos para realizar estudios posteriores. En la de 1885 baja la mortalidad a cifras parecidas a la de 1833, 103.000 y 120.000 fallecidos, respectivamente. Sin embargo en Calahorra, los datos facilitados por los médicos, muestran que la mayor mortalidad fue en la primera oleada, 715 fallecidos frente a 332 en la segunda y 145 en la tercera. En cualquier caso, las sucesivas epidemias de cólera en el siglo XIX alteraron notablemente la vida de nuestros antepasados tanto en La Rioja como en España. 



Autor: Javier Muro

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