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{ENTREVISTAS}
'Primero se siente y luego se escribe'
Eva Moreno ha publicado el poemario 'Y Punto, Poemas y Evaforismos'
Eva Moreno Llorente es humanista de vocación y profesora de filósofa de profesión. Ha publicado el poemario ‘Y (punto) poemas y evaforismos’. Precisamente, como Evaforista pueden serguirla en redes sociales. Nacida en Pamplona (1983), ha vivido toda su vida en Tafalla. Estudió Humanidades, completó su formación con Gestión Cultural y Turismo. También pasó un curso en Cáceres -la tierra de su padre-, donde trabajó en el Ateneo y en su revista cultural. Hoy es profesora de Filosofía, una profesión que, asegura, le da energía cada vez que entra en el aula y cierra la puerta. La filosofía, dice, le ha abierto una grieta de preguntas que sigue intentando coser, mientras reivindica una forma de vivir entre el Carpe Diem y el Amor Fati. Lee, escribe, escucha música -mucha música-, toca la guitarra y acaba de anunciar que este otoño llegará un nuevo proyecto. De momento hablamos con Eva de poesía y de ‘Y (punto) poemas y evaforismos’./Javi Muro
SPOONFUL.- ¿Qué es la poesía para ti?
La poesía es mucho más que versos, creo que es una conversación conmigo misma y cuando realmente a veces no sabes cómo afrontar algo o cuando ves cosas que suceden, de alguna manera, a veces, es más fácil escribir o crear. Es una manera de expresión y también es arte, es belleza.
S.- Y tú poesía, ¿cómo la defines?
En este momento, la considero rompedora en el sentido de libre, como verso libre que es, igual sí que la característica principal puede llegar a ser rompedora, de cara a lo que es la estructura literaria. Es verdad que en parte es así porque intento que de alguna manera cuando se leen los versos la persona que los está leyendo se sienta identificada, que los versos sirvan un poco de salvavidas, que se puedan identificar en situaciones que les suceden a ellos también y que de alguna manera les desahoguen.
S.- ¿En qué momento aparece un poema? ¿partes de una imagen, una frase, una emoción, una experiencia?
Por un lado, están los evaforismos que surgen en cualquier momento, sobre todo cuando sientes algo mucho, por eso son breves. Principalmente la evolución que he visto en mi poesía, sobre todo en lo que está publicado, es la música. La música me gusta mucho, forma parte de mí desde que era niña y quizá en mis principios me dedicaba casi más a intentar componer canciones. Para í las canciones siempre son poemas, la poesía y la música para mí siempre van ligadas, entonces en mi adolescencia, principalmente, mi mejor amiga era la guitarra, claro, y yo le ponía, pero sólo para mí, música a las letras que escribía. Sí, la música, yo diría que la música, mi mayor fuente de inspiración creo que es la música.
S.- Y cuando escribes, ¿sabes de antemano qué vas a decir?
Diría que sí, porque primero se siente y luego se escribe, luego ya que se publique o no es diferente, eso ya es más complicado. Llevo escribiendo muchísimos años y ahora es el primer poemario que tengo y que se ha publicado. De alguna manera, me he atrevido a que otros lean lo que escribo, porque a veces está presente el miedo, el miedo que tienes a que te juzguen. A veces salen cosas en los poemas que hasta tú misma te sorprendes, pero sí, en principio creo que sí, que sí que sabes por dónde va a salir el poema.
S.- ¿Te preocupa que el poema sea entendido o prefieres que haya un misterio alrededor?
No me preocupa, no me preocupa porque precisamente yo creo que lo que enriquece la poesía es eso, que una primera lectura puede aportar algo y cuando se lee más de una vez te puede inspirar algo diferente. O cuando lo lees en un momento diferente de tu vida. Eso le da riqueza a la poesía. En mis poemas es algo que no me preocupa. Yo releo poesía y novelas. Los poemas no caducan. La interpretación tiene que ser personal del lector.
S.- ¿Qué importancia tiene el ritmo, la musicalidad?
Creo que es complicado, pero es importante. Considero que la musicalidad en la poesía no es fácil de apreciar en el sentido de que a veces se leen los poemas verso a verso sin darle ningún tipo de ritmo, pero cuando realmente lo lees con musicalidad es cuando cambia. El tema del recitado es algo que tengo pendiente, lo estoy trabajando. Hay una musicalidad que es la que le da a la persona que lo escribe, pero no podemos controlar que esa musicalidad sea la misma cuando alguien lee el poema.

S.- ¿Y el silencio, la pausa?
Las pausas, no te diría que son más importante, pero sí que hay que saber dónde pausar cuando se está leyendo. Sí, es muy importante. Hay versos que pueden carecer de musicalidad y sin pausas puede ser totalmente distinto
S.- ¿Tienes temas o palabras recurrentes?
Pues la verdad es que no, a ver, no sé si la palabra evaforista sirve. Temas sí. Soy profesora de filosofía, entonces estoy siempre estoy cuestionando cosas en clase a los chavales y salen muchos temas, muchas preocupaciones que tienen y eso sí que hace que yo al final cuando me pongo a escribir, porque prácticamente yo escribo todos los días, me doy cuenta que muchas poesías tratan sobre lo mismo, porque son cosas que se me están planteando día a día, sobre todo en las aulas. Siempre digo que muchos versos míos son reflejo de esos alumnos que yo tengo, ellos me inspiran muchísimo. Sobre todo me inspira la música, mi vida personal, las cosas que me suceden, mis sentimientos, sobre todo las emociones. Toco mucho el bienestar emocional.
S.- ¿Y esas, entre comillas, obsesiones literarias de las que hablabas, qué crees que dicen de ti?
Hay poemas que sí dicen cosas de mí, no siempre. Cuando defendí, digo defendí porque para mí fue un reto publicar el poemario, para mí fue un reto presentarlo. Estaba nerviosa por cómo la acogería la gente. Dejé claro que todo los poemas no son un reflejo mío, pero sí es cierto que mi manera de entender las cosas sí está presente
S.- La poesía transforma a veces de lo cotidiano extraordinario, ¿no? ¿Qué cosas cotidianas hay en tus poemas qué ha pasado a ser extraordinarias?
A mí la palabra extraordinario me gusta mucho, especialmente. Podría ser una de las palabras de las que hablábamos antes. Me gusta usarla porque me gusta hacer ver a las cosas pequeñas en lo cotidiano. Creo que muchas veces en las cosas pequeñitas se encuentra la extraordinario y no nos damos cuenta. Me gusta dejar ese mensaje en los versos.
Lo cotidiano es también tener esa gente que te mire con esos ojos, que te mire con ojos correctos, aunque te equivoques, aunque metas la pata, aunque a veces no pienses como ellos, que no te juzguen realmente por tu cuerpo o por tu manera de pensar o cómo has reaccionado en según qué situación. Creo que si quieres a una persona, de alguna manera, hay que poner límites, pero el que quiere bien, yo uso mucho ‘querer bonito’ -mira, también podemos volver a la pregunta anterior-, uso mucho el ‘querer bonito’, que no todo el mundo sabe querer bonito. Es querer sin condiciones, no como yo quiero que seas, sino como eres, con tus días grises y con tus días de colores, con tus días de sol. También uso mucho las palabras sol y gris.
S.- ¿Al escribir eres más de lo que ya ha ocurrido o de lo que puede ocurrir?
Las dos, 50-50 y eso que soy muy de presente. A veces te pones a escribir y salen cosas que han podido pasar o que has visto o que han sucedido, pero lo intento llevar mucho al presente y no demasiado al futuro, porque soy mucho del aquí y ahora, Algo que también aparece mucho en mis versos, Me parece que es importante, que muchas veces no valoramos lo que estamos viviendo ahora, porque nos encerramos mucho en lo que nos ha pasado o en lo que creemos o nos da miedo o no, o queremos que suceda, y nos obsesionamos de tal manera, que al final provoca que se nos nuble un poco el día a día.


S.- ¿Crees que hay poemas que al escribirlos descubren cosas de ti misma?
Sí, claro, escribir es sobre una autoreflexión, a veces de forma crítica y a veces constructiva, a veces de situaciones que te estás planteando y cómo reaccionarías. Intento aún así mantenerme objetiva, porque sí que tiendo mucho a posicionarme; tiendo a posicionarme sobre todo cuando es algo que me parece muy bien o que me parece muy mal. Intento buscar el término medio, quizá desde mi perspectiva como filósofa, intento buscar el punto medio, el equilibrio. Hay veces que no me queda otra y me posiciono. Por ejemplo, en los aforismos no me importa.
S.- ¿Cuál es tu relación con la vulnerabilidad? Me refiero a la hora de demostrar lo íntimo en un poema.
Para mí era un reto, un reto. Lo he vivido así. Ha sido un proceso importante, quizá podía haberlo hecho mucho antes y no lo hacía porque a mí me costaba, me sentía muy vulnerable ante la sociedad. Hablo de mi familia, mis amigos, el instituto, el entorno profesional. Al final, es desnudarse un poco ante al mundo. Fue un reto, pero me dije: ¿por qué no?, igual me toca a mí ahora y lo hice. Ahora estoy muy contenta. Está siendo una experiencia bastante positiva la verdad.
S.- ¿En qué lugar ocupan estos temas en tu poesía? ¿El amor, el deseo, la pérdida o la memoria?
A ver, el amor está, además el amor en todas sus facetas, presente en mis poemas; es algo que reclamo bastante, lo reclamo en el sentido no personalmente, sino que hago un reclamo a la sociedad. Uno de los evaforismos dice algo así: no sabemos cuánto tiempo nos queda, vamos a amar. Como decía antes para mí aprender a amar es querer bonito. Reclamo que la gente ame más, mucho más.
Sobre el deseo… hay versos que reflejan esas cosas que he deseado o que desea la gente y que al final no es todo como nos gustaría, pero es la vida y la vida es así y esa idea se percibe mucho en mis versos. Deseos que no se cumplen, pero por eso no hay que dejar de desear.
S.- Hablas de ‘había deseado hace tiempo? Como si tuvieras 70 u 80 años…
Empecé a escribir muy joven. Mi vida ha tenido muchas etapas. De adolescente era muy soñadora y luego vi que soñar era muy peligroso; entonces quizá aterricé demasiado. Demasiado joven puse los pies en la tierra y quizá sí que yo misma fui la que me privé de muchas cosas. Me volví más fría. Nunca he dejado de escribir, pero sí que escribía mucho menos. Luego la vida también te lleva por otros caminos, pero, aunque nunca he dejado de escribir es verdad que había sueños que tenía cuando estaba estudiando la carrera y que luego los dejé en un cajón. Ahora, ni joven ni mayor, pero volví a abrir ese cajón y comprobé qué se había quedado ahí. Era el momento de retomar esos sueños que yo tenía cuando era más joven.
S.- Retomamos la pregunta anterior… la pérdida.
El tema del suicidio es quizá una de las cosas más traumáticas que yo he vivido de cerca, y ahí sí que era muy joven, entonces sí que el duelo lo trato mucho, pero siempre relacionándolo con el tema del bienestar emocional y con el suicidio. Es algo que lo llevo ahí desde hace muchísimos, muchísimos años.
Y me queda la memoria, ¿no? La memoria. A veces somos de recordar las cosas buenas, pero creo que tenemos más tendencia a empecinarnos en recuerdos no tan positivos. Creo que esa tendencia viene de la musa. Dicen que las musas son un tanto traicioneras. Hay gente que duda si se puede escribir cuando estás bien. Yo creo que sí, yo creo que se puede escribir desde la luz y desde la sombra. Quizá, la inspiración cuando algo te impacta tanto positiva como negativamente te lleva a la escritura. Quizá, se escribe más desde el fondo del pozo. Quizá sea cierto. A mí también me gusta recurrir al mar, me da mucha calma. Creo que al escribir no me remito tanto al pasado. Lo consigo porque lo trabajo sino quizá el pasado ganaría la batalla. Escribo desde la memoria inmediata.
Sí que tengo cosas escritas que podría recuperar, además están escritas a mi letra, de ese pasado, podría reescribirlas y quizá cuando iba a publicar el poemario lo intenté. Me dije, tengo una caja enorme con todo guardado voy a ver qué hay por ahí. Me hubiese gustado incluir algo de mi yo poético de la adolescencia y hacer un capítulo especial inicial. Fue cuando estaba todo aún en la olla, pero no supe realmente cómo o no lo vi, no lo vi claro y entonces dije, no, igual no es el momento, el momento es el ahora.
S.- ¿Qué poetas que te hayan dejado huella?
Pues a ver, realmente, no tengo poetas como referentes... Soy una lectora total de poesía, desde muy jovencita, pero realmente no tendría un poeta que sea referente. Leía uno y me gustaba más que el otro, leía otro y me gustaba más. Todo lo que leía; de todo yo aprendía y sacaba cosas nuevas, pero no tengo un referente. En la adolescencia consumía mucha poesía. Quizá, si tengo que nombrar a alguien, es a Daniel, se le conoce como animalismo poético. Cuenta con varios poemarios, lo descubrí en redes no hace mucho tiempo. Durante la pandemia. Me llamó la atención su poesía, me sentí muy identificada cuando le leía. De alguna manera descubrirlo fue el empujoncito para pensar en publicar lo que escribía en redes sociales. Daniel tiene ahora dos novelas y va a publicar la tercer y un poemario.
S.- ¿Qué has aprendido de ti misma desde que escribes?
La respuesta es clarísima. Me ayuda a conocerme todavía más o a intentar conocerme mejor. Sí, sí. A veces me gusto más y a veces no me gusto y a veces me caigo muy mal. Pero bueno, son momentos que hay que pasarlos también, ¿no? Cuando hay algún día que te caes mal, pues dices, bueno, mañana será otro día y ya está. Pero sí, sí, la poesía me ayuda un poco a conocerme mejor.
S.- Ponte en situación. Si tuvieras que escribir ahora un poema sobre ti, ¿qué tres palabras no podrían faltar?
¿En un poema sobre mí? No voy a pensar en hoy, ¿vale? Voy a pensar en el verano, por ejemplo. Es que esto ya lo viví porque estuve hace quince días en un concurso al aire libre de poesía y había que escribir in situ. Te daban un tema y tenías que escribir. Entonces a mí me dieron el tema de conversación.
Era en Villa Urroz, en el pueblo. Y, bueno, aparte que gané y que me hizo mucha ilusión, me dieron la palabra conversación y yo me lo llevé a mí, ¿vale? Era un poema que lo sentí muchísimo. Entonces voy a pensar en las palabras de ese poema porque era el duelo, que es una de las palabras que tú me has dicho antes. El duelo, la palabra verso, como tal... y dolor. Sí, creo que sí, que esas tres.
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