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{CULTURA / LIBROS}
'Considero que el teatro es una herramienta de DIALOGO, de REFLEXION, y de TRANSFORMACION social'
Jorge Tesone, director del Festival de Teatro FITLO que se celebra en La Rioja
FITLO vuelve a convertir Logroño en una pequeña puerta de entrada a la escena teatral iberoamericana. Del 2 al 11 de octubre, el Festival Iberoamericano de Teatro de La Rioja celebra su décima edición con una programación que entiende el teatro no tanto como un lugar al que acudir, sino como un territorio desde el que mirar el mundo. Nacido en 2017, FITLO se ha consolidado como espacio de encuentro, intercambio y circulación de propuestas escénicas entre Latinoamérica y la Península, con especial atención a los lenguajes contemporáneos y a las compañías emergentes.
El director de FITLO, Jorge Tesone, apunta que desde aquella primera edición cambiaron muchas cosas. "Otras se mantuvieron. Puedo decir que cambió, en parte, la línea de programación. Fue cambiando poco a poco el equipo, y siempre fue y es un placer sentirse acompañado de todas esas personas que alguna forma formaron parte y forman parte de este festival. Cambió también el presupuesto y los apoyos locales, regionales, nacionales e internacionales. Pero puedo asegurar también que se mantuvo la ilusión, el deseo, la búsqueda incansable de mejorar, y también se mantuvo un gran número de público que nos acompaña desde aquel lugar y al que quiero agradecer profundamente por creer que lo que hacemos vale la pena".
Tesone detalla que es complejo realizar una programación cuando nos llegan más de 1300 propuestas en 30 días que dura la convocatoria aproximadamente. "Buscamos propuestas que tengan temáticas que impactan en la sociedad actual, o bien que traten problemáticas sociales, o que reflejan realidades diversas de los distintos países de donde provienen las propuestas. Buscamos también estéticas diferenciadas a las que podemos encontrar en programaciones de nuestra región, y que a su vez puedan satisfacer el apetito escénico del público riojano".
El director de FITLO señala, igualmente, que "poco a poco sentimos que nos decantamos más en propuestas de cuerpo y movimiento, así como de participación social y de trabajo con juventud. Nos interesa mucho el futuro de la sociedad y del arte escénico, es por eso que nos interesa mucho también la mirada y la voz de los jóvenes. Claro está que también es para nosotros placentero poder programar espectáculos y artistas que tienen repercusión trascendente en diversos festivales de América Latina, Europa y el mundo. Tener la posibilidad de disfrutar de un artista que continuará su gira por los principales festivales de Europa y las principales salas del mundo, pero a precios accesibles para una gran mayoría de la sociedad".
La décima edición vuelve a apostar por esa idea de festival abierto, capaz de sacar las artes escénicas de sus lugares habituales. La programación transita por la Nave 31, la Sala Gonzalo de Berceo, el Auditorio Municipal, la Universidad de La Rioja y la Plaza del Mercado, pero también abandona la ciudad para instalarse en un escenario tan inesperado como una cantera, en Albelda de Iregua. Es una declaración de intenciones, el teatro puede suceder en una sala, en una plaza, en una universidad o entre montañas de áridos.
"Es importante generar experiencias que vinculen a la escena con espacios más allá del edificio llamado Teatro -explica Tesone-, creo también que habitar más espacios transforma en Festival en un evento más amplio y diverso. Por otro lado decir que existe la necesidad de habitar otros espacios, porque las salas que hay en la ciudad tienen dificultad de accesibilidad para poder aportar programación. Pero insisto que en la diversidad existe una riqueza maravillosa, y en esa diversidad pueda uno encontrar aquello que le conecte con un arte que quizá hasta ese momento le era desconocido".
El programa de 2026 propone, además, una mirada particularmente amplia sobre el presente. La violencia contra las mujeres atraviesa 'Zorra dorada', de Elisa Forcano; la identidad y las formas de representación masculina aparecen en 'La adolescencia robada'; y 'Solo quería bailar', de Olalla Hernández, parte de la historia de una bailarina que termina cumpliendo treinta años de cárcel por un acto terrorista. Son obras que utilizan el escenario para abordar conflictos personales y sociales, pero que también plantean una pregunta más incómoda, qué puede hacer el teatro cuando la realidad parece haber aprendido a superar cualquier argumento.



La danza ocupa también un espacio relevante en esta edición. 'Estudios para un ecce homo', 'Elektrikal Body' y 'Las almejas que hablan' exploran el cuerpo desde perspectivas muy diferentes. 'Elektrikal Body', de Dínamo Danza, establece un diálogo especialmente singular entre movimiento y ciencia a partir de la fuerza electromagnética, con la colaboración del físico y divulgador Joaquín Sevilla, por ejemplo.
FITLO no presenta así las disciplinas escénicas como compartimentos estancos: teatro, danza, música, performance, divulgación y creación audiovisual aparecen mezclados en una programación que busca precisamente ampliar los límites de lo que entendemos por escena.
"Considero que el teatro es una herramienta de diálogo, de reflexión, y de transformación social -define Jorge Tesone-, desde ahí considero el arte, desde ahí considero también el arte escénico. Esto no quiere decir que no entienda que también puede estar vinculado a un entretenimiento lúdico. Pero desde mi forma de ver el mundo, considero que tanto la música que te emociona, como la danza, o la pintura, o la literatura, también el arte escénico es una potente herramienta de reflexión colectiva y es por eso que FITLO genera una programación en la cual la temática social es un eje transversal en todas sus propuestas programadas".
La dimensión iberoamericana se hace especialmente visible en propuestas como 'Una de las cien mil cosas', de Brai Kobla y Chamán Producciones, coproducida entre Argentina y España; 'En el aire', del argentino Martín Flores Cárdenas; o 'Irantí: La cadena infinita', de Clamor Teatro, que reconstruye a través del teatro, la música y la divulgación el largo viaje desde la diáspora africana hasta los grandes géneros de la música afroamericana. En conjunto, FITLO propone un mapa escénico en el que las fronteras geográficas pierden importancia frente a los temas compartidos.

Y quizá ahí se encuentre una de las claves de esta décima edición: FITLO no pretende simplemente llenar diez días de teatro en Logroño, sino convertir la ciudad en un lugar de conversación entre creadores, disciplinas y públicos. La programación incorpora espectáculos, talleres, encuentros y espacios de reflexión, prolongando la experiencia más allá de la función.
De cara al futuro, Jorge Tesone indica que "Me encantaría poder relajar al equipo que trabaja en el festival, y cuando digo relajar es mejorar sus condiciones, y para ello necesitamos poder disponer de un presupuesto más amplio y no tan ajustado. Me gustaría reflexionar sobre el sentido del trabajo que realizamos, y también poder llegar a replantear la línea de este evento. Me gustaría poder profundizar en la investigación, y dar la posibilidad a qué artistas de otras latitudes vengan a Logroño a crear sus piezas y que puedan mostrar sus trabajos incipientes o finales. Me gustaría que los agentes culturales locales y regionales podamos colaborar más profundamente para que nuestros actividades artísticas puedan desarrollarse. Me gustaría que el público nos siga acompañando y nos apoye, y nos demande y nos quiera. Me gustaría que FITLO siga existiendo".
Diez años después de su nacimiento, el festival mantiene aquella idea inicial de abrir una ventana a otras miradas teatrales contemporáneas y convierte Logroño y su entorno, durante diez días, en una pequeña plaza pública donde caben el cuerpo, la memoria, la identidad, la música, la ciencia, la violencia, el exilio y también la pregunta esencial de cualquier festival. ¿Qué historias necesitamos escuchar ahora?/Javi Muro
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