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{CULTURA / LIBROS}

'Ensayo sobre la ceguera', Saramago late pleno de vigencia

Hay novelas que adquieren nuevas capas de significado cada década que pasa desde que fueron escritas. 'Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, es una de ellas. Cuando el escritor portugués la publicó en 1995, imaginó una extraña epidemia de 'ceguera blanca' que se extiende de manera fulminante por una ciudad sin nombre. Treinta años después, el lector contemporáneo encuentra en las páginas de 'Ensayo sobre la ceguera' algo más que una ficción inquietante, un espejo incómodo de nuestro tiempo. La novela de Saramago fue calificada de Ciencia Ficción Social.

 

La premisa es conocida. Un hombre pierde la vista mientras espera en un semáforo. Poco después, la ceguera se propaga sin explicación. Las autoridades reaccionan aislando a los afectados en condiciones cada vez más degradantes. Lo que sigue es un descenso hacia la pérdida de las normas, la violencia y el egoísmo. Sin embargo, Saramago nunca estuvo interesado en escribir una novela sobre una enfermedad. Lo que le preocupaba era otra forma de ceguera, la incapacidad de los seres humanos para ver al otro, para comprender las consecuencias de sus actos y para reconocer su propia fragilidad.

 

Resulta difícil releer hoy la novela sin recordar la experiencia global de la pandemia de la COVID-19. Pero Saramago no predijo la pandemia, sino que comprendió algo más profundo, que el orden sobre el que construimos nuestra vida cotidiana es mucho más frágil de lo que nos gusta creer. En la actualidad, la relectura de 'Ensayo sobre la ceguera' va mucho más allá. Vivimos en una época marcada por crisis simultáneas. El cambio climático -obviado por nuestros gobernantes- las guerras, la polarización política -la desafacción política y la amenza ultraderechista-, las migraciones masivas, la irrupción de la inteligencia artificial y la proliferación de la desinformación generan una sensación permanente de incertidumbre.

Nunca habíamos tenido acceso a tanta información y, paradójicamente, nunca había resultado tan difícil distinguir con claridad qué está ocurriendo realmente en el mundo y cuáles son las intenciones reales de los líderes políticos. La metáfora de la ceguera colectiva adquiere así una nueva dimensión. No se trata de no ver, sino de ver demasiado y comprender demasiado poco. Es decir, de ser ciegos. Porque eso es lo que decía Saramago sobre su novela: "No es que nos quedemos ciegos; creo que estamos ciegos. Ciegos que ven. Ciegos que, viendo, no ven".

 

En la novela, los personajes pierden la vista física, pero conservan intactos sus prejuicios, sus miedos y sus deseos de dominación. Esa es una de las intuiciones más brillantes de Saramago. La tecnología puede avanzar, las sociedades pueden modernizarse y las ciudades llenarse de pantallas, pero los viejos impulsos humanos permanecen. La codicia, el miedo al diferente, la búsqueda del poder o la indiferencia ante el sufrimiento ajeno siguen formando parte del paisaje. En ese sentido, la ceguera que describe el autor portugués no pertenece a una época concreta. Es una condición recurrente de la historia humana.

 

Sin embargo, la novela no es únicamente una advertencia pesimista. En medio del caos aparece una figura esencial, la mujer del médico, el único personaje que conserva la vista. Su papel no es el de una heroína tradicional, sino el de una testigo. Gracias a ella, Saramago introduce una idea fundamental: "incluso en las circunstancias más oscuras, la solidaridad y la compasión siguen siendo posibles. Cuando las instituciones fracasan y las normas desaparecen, son los pequeños gestos de ayuda mutua los que permiten preservar algo de humanidad".

 

Quizá por eso 'Ensayo sobre la ceguera' continúa encontrando nuevos lectores. En una época dominada por la velocidad, los algoritmos y las certezas instantáneas, la novela obliga a detenerse y formular preguntas incómodas. ¿Qué ocurriría si desaparecieran las estructuras que consideramos permanentes? ¿Qué supondría el fin de la Democracía? ¿Que pasaría si desaparecieran la Sanida Pública o la Educación Pública? ¿Hasta qué punto dependemos unos de otros? ¿Somos realmente conscientes de las consecuencias de nuestras decisiones colectivas? 

 

Treinta años después de su publicación, la obra de Saramago mantiene intacta su capacidad para inquietar. No porque describa con exactitud el presente, sino porque ilumina sus contradicciones. En un siglo XXI atravesado por crisis encadenadas y horizontes inciertos, 'Ensayo sobre la ceguera' sigue recordándonos que el mayor peligro no es perder la vista, sino acostumbrarnos a mirar sin ver. Y quizá esa sea la razón por la que la novela continúa pareciendo tan contemporánea, porque la ceguera que denuncia no pertenece a una epidemia imaginaria sino a una tentación permanente de nuestras sociedades eoricamente modernas./Javi Muro

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