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'La escritura ha sido la constante para lidiar de forma sana con mis preocupaciones, mis miedos y mi ansiedad'

Valle Mozas ha publicado su segundo poemario 'La emperatriz'

Valle Mozas (Logroño,1999) es escritora, filológa y docente. 'La emperatriz' es su segundo libro de poesía. Valle define sus poemas como una conversación íntima. Escribe con un estilo directo y sin artificios, y sostien la cotidianidad como musa y a las emociones como inspiración. Su primer poemario 'El comienzo' se mantuvo durante meses entre los libros de poesía más vendidos de España. Fue reconocido como el Mejor Libro de Poesía de 2023 por el Ateneo Riojano y reconocimiento como talento Joven Riojano en 2024./Javi Muro


SPOONFUL.-  ¿Cómo percibes la poesía?, ¿Crees que tiene la misión de recordar, de hacer memoria, o más de inventarla? ¿O no tiene misión alguna?

Qué pregunta más bonita, inventar la memoria. Para mí la poesía más que un arte, te digo de verdad que es una herramienta de autoconocimiento. En ese autoconocimiento, por supuesto, entra la memoria.

 

A través de hacer ejercicios de reflexión, como puede ser leer un poema que te ha llegado dentro, te preguntas ¿por qué me ha llegado este poema tanto? ¿Por qué siento que ha sabido explicar algo que yo no había sabido explicar?  Entonces, en esa relación entre el lector y el poema, por supuesto, se llega a la memoria, a recuerdos pasados, comportamientos pasados, emociones pasadas. Para mí la poesía es algo que va unido a conocerte y descubrirte.

 

S.- ¿Recuerdas el primer contacto que tuviste con la poesía?

Sí, sí, lo recuerdo.

 

S.- ¿Fue un momento en el que ya dijiste, yo quiero hacer esto?

Tengo un recuerdo súper bonito de cuando era pequeña, de hecho en mi primer libro ‘El Comienzo’, hay un poema que habla de eso, se llama ‘Tres’.

 

Es un poema que va sobre el primer poema que escribí en mi vida. Lo escribí en el colegio, creo que tenía ocho años. Es el único poema con rima que he hecho en mi vida, pero ahí está. Y sólo recuerdo pasármelo genial haciéndolo, sentirme como, ¡hala!, esta forma de crear me encanta, me acuerdo de tomármelo muy en serio. Cuando llegué a casa se lo enseñé a mis padres, pero como les enseñas cualquier cosa que haces en el cole, y a mis padres les gustó tanto que lo colgaron en el frigorífico. La cosa de ver mi poema puesto en el frigorífico con imanes, de verdad que desató algo en mí, no solo de querer esa admiración de los padres, sino de sentir que había hecho algo bueno, que había creado algo con sentido.

 

Aunque era muy pequeña lo sentía así. Entonces ahí ya se me abrió la poesía. Luego, siendo más mayor, recuerdo que la primera vez que me enamoré de la poesía, por así decirlo, fue primero escuchando a un profesor que tuve en el Instituto de Lengua Castellana recitar Sonatina de Rubén Darío, “La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?”. Lo recitó de una forma que me quedé hechizada. Después, porque creo que tenía 15 o así, mi novio me regaló ‘Los versos del Capitán. Y pensé: pero ¿qué es esto? 

 

Era una maravilla, igual no habíamos estudiado todavía Neruda, o la literatura que habíamos estudiado en el Instituto era una poesía que igual no me había llegado tanto, pero con Neruda empecé a adentrarme más y más.

 

S.-  Qué importantes son los buenos profesores, los que motivan.

Totalmente.

 

S.- Quizás empezar por los clásicos no permite llegar durante el curso a autores más actuales que pueden motivar más a su lectura. Quizás es más importante mostrar a autores contemporáneos que capten la atención de los alumnos y desde ahí explicarles que sus referentes son los clásicos. Quizá Lo importante es que un profesor le diga a los alumnos leed esto y mirar qué sentimientos provoca.

Exacto. Has dicho algo con lo que estoy completamente de acuerdo, y es que considero que igual debería revisarse el canon que estudiamos. No porque lo que estudiamos no sea importante, obviamente los clásicos son importantes, están ahí por algo, han asentado las bases de la teoría de la literatura, del lenguaje. Pero creo que es muy fácil que una persona joven a la que le estás poniendo ‘Campos de castilla’, no le llegue. 

 

Creo que la poesía se desvirtúa mucho porque el recuerdo que todo el mundo tiene es  algo muy complicado del instituto, algo muy abstracto, algo que además no me lo enseñaron de cara a conectar con el mensaje, sino a analizarlo de forma formal; se profundiza poco en el mensaje. Por ejemplo, en las coplas de Jorge Manrique no se trata el duelo, son unas coplas que van dedicadas a su padre que ha fallecido y no se trata el duelo.

 

Si a un chaval de 16 años en vez de decirle únicamente analiza este poema, le dices ¿cómo siente el escritor el duelo? ¿Cómo lo plasma? ¿Qué lenguaje utiliza? ¿Puedes verlo? 

 

La literatura en general, la poesía, siempre llegará más si en vez desde la pura teoría literaria, se muestra desde un enfoque más personal que te haga a ti entender por qué se ha elegido esta palabra y no otra, qué puede decir esto, qué me dice a mí este poema.

 

S.-  ‘La emperatriz’ es tu segundo poemario, ¿no? ¿Cuál fue la chispa desencadenó su escritura?

Pues a diferencia de ‘El comienzo’, existe una diferencia muy clara entre ambos libros. Obviamente a ‘El comienzo’ le tengo muchísimo cariño, estoy muy orgullosa de lo que hice, pero cuando lo escribí estaba en un momento en el que yo quería demostrarme que podía lanzarme a intentar ser escritora, a intentar profesionalizar lo que siempre había hecho desde la pasión; a intentar dedicarme tiempo completo a escribir y ver qué pasaba.

 

¿Qué pasa con ‘La Emperatriz’? Habían pasado tres años, yo no solo como escritora sino también como persona había evolucionado y puedo ver que el trasfondo que me llevó a querer escribir ‘La Emperatriz’ es distinto. Con 'El comienzo' estaba esa parte pasional de “esto es lo que quiero hacer, esto es mi pasión, tengo muchas cosas que decir y un sueño que perseguir”. Con 'La Emperatriz' ese sueño ya lo tenía, lo tenía en mis manos, llevaba viviendo un sueño tres años y lo que sentí es que los poemas de ‘La Emperatriz’ eran poemas que yo necesitaba escribir, son poemas que necesitaban ser escritos para mí.

 

Soy una persona muy autoexigente, si siento que en algún momento he transgredido algo que es importante para mí me sale tratarme muy mal, autocastigarme, hablarme mal, en lugar de ser comprensiva, compasiva conmigo misma; en vez de celebrar mis victorias, me sale siempre ser muy dura conmigo. Con la madurez te planteas cosas, te planteas comportamientos pasados que has tenido, comportamientos que quieres tener en el futuro, qué cosas de tu personalidad quieres mantener, qué cosas no quieres mantener y haciendo este ejercicio de reflexión me di cuenta de que tenía una tendencia muy grande a tratarme mal en lugar de a tratarme bien para elevarme. Había sido una constante en mi vida. Es un rasgo que estoy trabajando para cambiar, para tener una relación más sana conmigo misma y más buena. La escritura ha sido la constante para lidiar de forma sana con mis preocupaciones, mis miedos, mis ansiedades o mis malos sentimientos.

 

Me di cuenta de que no solo es que sea algo que siempre ha formado parte de mí, es que realmente es mi salvoconducto, escribir es lo que me ayuda, como una frase de Joan Didion que dijo: “escribo para saber lo que estoy pensando”, pues yo igual. Entonces, ‘La emperatriz’ surgió en un momento en el que yo estaba pensando sobre muchas cosas, estaba sintiendo muchas cosas y decid: “si no pongo esto por escrito me va a dar algo, porque es mi forma de entenderme, de cuidarme y de darle sentido a lo que estoy pensando de una forma no destructiva, sino todo lo contrario”. Por eso también se llama ‘La emperatriz’, no es un libro que vaya sobre el tarot, pero sí que coge la carta de la emperatriz como símbolo. Es la carta que simboliza gestar vida, y para mí ese gestar vida no me gusta limitarlo únicamente a una vida biológica, para mí gestar vida es también la creatividad, es sentir que tienes algo dentro que puedes materializar, que eso que para ti es un miedo lo puedo convertir en un poema.

 

La creatividad es mi salvoconducto y espero que nunca me falte, por eso todos los poemas necesitaban ser escritos, por mi bien, por mi salud.

 

S.- A parte de la creatividad, la carta del Tarot de la emperatriz también representa el poder femenino, la sensualidad, ¿todos estos elementos aparecen en los poemas? ¿Ha sido exitoso el proceso?

Como dices, la emperatriz no solo alude a esta forma de crear vida, de gestar vida, que puede ser la creatividad que lo es para mí. También es el poder femenino. ¿Qué es el poder femenino? Para mí el poder femenino está representado en mujeres como son Circe y Perséfone, que aparecen en los poemas y son mujeres de la mitología griega que representan lo que para mí es esa feminidad poderosa. Saber que vas a tener, solamente por tu condición, unos prejuicios, unas limitaciones, y saber sobreponerte a eso por el mero derecho de existir y de saber que es tuyo y reclamarlo. Ese es el poder femenino que yo buscaba y en el que me he inspirado y al que intento aspirar. ¿A qué te refieres con si el proceso ha sido exitoso?

 

S.- Si lo has conseguido, porque sobre esa línea, de ti sobre ti misma que habías detectado, has dicho, ¡Vale!, está escrito, porque me imagino que en esta ocasión te valía más con estar escrito que publicado.

Totalmente, has dado totalmente en el clavo.

 

Ha sido, la palabra sería catártico, súper catártico para mí. Empecé a escribir el poemario y como te digo era por la necesidad de escribirlo y eso me ayudó mucho. A veces tengo unos torrentes de pensamientos muy obsesivos, acelerados, me cuesta perseguirlos, intento perseguirlos todos y ¿qué pasa? Que cuando escribes inevitablemente ese pensamiento se corta un poco, porque tienes que hacer, para empezar, la acción de sentarte, coger un bolígrafo y escribir, y eso ya hace que el pensamiento se frene un poco.

 

Escribir siempre me ha ayudado, pero esta vez siendo aún más consciente de la intención. Me emocionó, me ayudó a conectar conmigo misma, me ayudó a conectar con otras personas sobre las que también escribí en ‘La Emperatriz’. La verdad es que siento que es lo más grande que he hecho en mi vida, escribir ‘La Emperatriz’.

S.- En relación con los poemas te he leído frases como: “La poesía es escucharse a sí misma”, “La poesía es la búsqueda de un camino”, y “Cuando creamos -un verso-, sostenemos nuestras vidas en nuestras manos”. Hay mucho de ti en tus poemas.

Sí, sí, sí. ¡Qué bonito! ¿yo he dicho eso? Seguramente sí. Suena a algo que diría, suena a algo que yo diría, sí, totalmente. Creo que cuando creamos, creamos el mundo. Y eso es tan importante para mí.

 

En mis poemas creo que sería incapaz de escribir de algo que no me afecte directamente. Pero algo que también ha sido muy bonito explorar en este libro es que no solo he escrito sobre experiencias que yo he podido tener, que me han pasado solo a mí, sino que también lidió mucho con el tema del duelo. Y cómo lo he vivido no solo a través de mí, sino por ejemplo a través de personas muy cercanas. Hay un poema que se llama ‘Las niñas’, en el que las protagonistas son mi madre y mis dos tías y habla de cómo cuando mi abuelo falleció el pasado octubre, yo vi a mi madre y a mis tías no como las mujeres fuertes, invencibles, imparables, como siempre las había considerado, sino como niñas vulnerables que echaban de menos a su padre.

 

Es un poema que está escrito por y para ellas, pero a mí me afectó profundamente la forma en la que lo percibí. Entonces eso también ha sido una experiencia muy bonita para conocer otras esferas de sentimiento.

 

S.- Que no deja de ser hablar de ti...

Claro, sí, no deja de ser como lo he percibido.

 

S.-  ¿Y el camino? ¿Lo has encontrado?

¿Pero se encuentra alguna vez..?

 

S.- Me comentabas al principio que eres súper exigente contigo misma. Imagino que sí estás escribiendo de nuevo querrás que sea aún mejor

Más que mejor... diferente, o que se adapte a lo que yo necesite en ese momento. Escribo todos los días. No todos los días escribo algo bueno, ni mucho menos, ni todos los días escribo un poema. Hay veces que solamente escribo un verso, hay veces que escribo versos sueltos, tengo un archivo en mi ordenador que se llama ‘Versos Buscando Casa’. 

 

S.- ¡Qué bonito!

¿Sí? Son versos inconexos, que he escrito en un momento, si me ocurre algo que me parece bueno, o que me dice algo, y lo anoto. Tengo muchos de esos versos que me encantan, que por ejemplo en ‘La Emperatriz’ no han encontrado su casa. Con esto me refiero a que yo realmente escribo todo el tiempo. ¿En vista a publicarlo? Trato de profesionalizar mí escritura, convertir esto en mi profesión, y si no consigo que sea mi profesión, porque es muy difícil, al menos que continúe siendo la base más férrea de mi pasión.  

 

Creo que el camino lo vamos creando. A mí me pasa que a veces puedo estar satisfecha y muy contenta en un camino, y de repente, darme cuenta de que se me ha quedado pequeño, o que la dirección que pensaba que era la correcta, ya no lo es. Considero que siempre estamos a tiempo, que todo es un comienzo.

 

En el epílogo de mi primer libro hay un verso de Robert Frost que me encanta: “Dos caminos se abrían delante de mí, elegí el menos transitado de ambos”. Eso marca la diferencia. Mi vida va de eso, de encontrarme continuamente. La vida va de esos muchas veces, de saber que el camino menos transitado puede ser el que te está esperando, aunque de miedo.

 

S.- El camino menos trillado siempre es el mejor, ¿no?

Y si no lo es, al menos no te quedarás con la duda, es peor que quedarte sin saber por miedo. Y da miedo, claro.

 

También me he dado cuenta de que perseguir sueños está muy romantizado. Cuando me lancé a escribir ‘El Comienzo’ el camino que se esperaba que iba a seguir, que yo misma me había convencido de que era el que iba a seguir profesionalmente, lo dejé completamente en pausa para perseguir mi sueño de ser escritora. Entonces yo estaba muy satisfecha ante mi decisión, pero eso no quitaba que me comparara continuamente con toda la gente que conocía que iba a seguir el camino previsto, lo que me hizo sentirme sola y sentir que era yo la que se estaba equivocando. Aun así tenía una voz dentro de mí que me decía sigue, sigue y ya veremos, al final del día eres tú quien está viviendo esta vida, no los demás. Me di cuenta de lo solitario que puede ser perseguir un sueño, pero dentro de ese terror también hay una emoción como no hay otra, es sentir que estás haciendo algo por y para ti.

 

S.- Bueno, piensa si hubieras seguido por el camino trillado…

Por cómo soy sé que me habría reconcomido y me habría amargado, y me habría pasado la vida pensando por qué no lo intenté.

 

S.- Es mejor pegarse un gran batacazo que no intentarlo, ¿no crees?

Estoy de acuerdo contigo, es mejor. Lo que pasa es que tampoco habría imaginado jamás que me habría pasado todo lo que me ha pasado. Entonces, te digo que siento que estoy viviendo en un sueño.

 

Tanto ‘El Comienzo’ como ‘La Emperatriz’ han funcionado muy bien. Los dos han estado meses entre los diez libros de poesía más vendidos de España, lo que me abrió muchísimas puertas, me dio la posibilidad de acceder a oportunidades muy interesantes, de vivir la cultura desde dentro, y eso es la parte más bonita. He podido conocer y conectar con mucha gente desconocida o conocida, pero que no me esperaba conectar de esa manera y ha sido mágico.

 

Más que los premios, más que las listas, que por supuesto a todos nos gusta que nos reconozcan nuestro trabajo, pensar que algo que yo he escrito en la oscuridad de mi habitación, pensando que jamás nadie me entendería y que una persona aleatoria haya conectado con eso y yo haya podido verlo, es la cosa más grande que me ha pasado nunca.

S.- En ‘La Emperatriz’ una reflexión tuya acompaña a cada poema. Como una alerta, ‘Basado en hechos reales’, por decirlo de alguna manera.

Aquí hay una cosa que me da pánico todavía. Tienes toda la razón, soy yo la que lo he escrito así, la que le ha dado esa forma. Podría haber sido más ambigua; aunque creo que sí, que he intentado preservar cierta ambigüedad por mi propia intimidad.

 

Si has podido percibir una humanidad tan grande en ellos es porque el objetivo de los comentarios no es ser algo didáctico. No quería que los comentarios se convirtieran en algo que te dijera mira aquí hay una metáfora, mira, aquí yo he hecho esto por esto. Quería que los comentarios fuera tan poéticos como los poemas.

 

Con plena conciencia los he escrito tan en serio como los poemas, con el mismo cuidado y es porque para mí enriquecen la lectura del conjunto. Puedes elegir leerlos o no leerlos. Mi objetivo era crear un puente entre lo que yo como escritora quiero decir y lo que tú como lector puedes interpretar.

 

¿Hechos reales? Es lo que yo buscaba. Así que sí, lo que pasa es que siempre me da como un poco el miedo porque esto me lo han preguntado en más entrevistas “¿no te da miedo estar súper expuesta o como que la gente pueda deducir cosas de tu vida o saber directamente cosas de tu vida?”.

 

Es la pregunta que da terror porque la respuesta es que sí, o sea me da muchísimo miedo pero es como el precio a pagar por algo precioso que es sentir que estamos menos solos. A mí me pasa cuando leo... A mí lo que más me gusta de la poesía es que me hace sentir menos sola porque yo creo que a todos nos pasa algo malo, y todos pensamos que nadie lo ha pasado peor que yo. ¿Me rompen el corazón? Bueno, es que a nadie le han roto el corazón como a mí. ¿Me enamoro de alguien? Nadie se ha enamorado como yo me he enamorado de alguien. ¿Qué pasa? (24:40) Que de repente lees y te das cuenta de que no eres tan especial, de que esa cosa tan horrible que has hecho o esa cosa tan bonita que te ha pasado o este sentimiento que te aliena y te aísla le ha pasado a más gente.

 

En ese sentimiento de humanidad compartida para mí está la clave de todo. Quizá haya gente que pueda deducir cosas de mí o que directamente las conozca pero si a cambio tú encuentras paz y acompañamiento y aprendes algo sobre ti mismo a través… pues para mí es sentir que mi vida tiene propósito, literalmente.

 

S.- Creo, no sé si lo compartes, que el lector al adentrarse en el segundo verso ya estará haciendo suyo el poema y conectará contigo a través de sus sentimientos y sensaciones, ¿No?

Me encanta que digas eso, es genial. Para mí no hay nada más grande que el lector lo haga completamente suyo. Me acabas de hacer muy feliz. Que yo haya escrito un poema y el lector piense ¿por qué lo habré escrito? Y lo traslade a sus cosas, sus problemas, sus sentimientos, sus sueños, sus amores, es genial.


S.- Es la idea de comparto ese sentimiento, lo compartimos… 

Totalmente. Este sufrimiento, este lo que sea, lo estoy compartiendo con alguien. Con otra persona y ya me siento más acompañado. Y te voy a decir otra cosa. También me parecería genial que haya escrito un poema pensando en algo y que tú lo interpretes completamente distinto. La forma en la que se nos ha instado académicamente o en la que incluso algunos autores defienden que su obra va de una cosa y punto y no hay pie a interpretaciones no la comparto. 

 

Por ejemplo, hay una anécdota muy bonita que fue que cuando con mi primer libro, con ‘El comienzo’, una persona se me acercó en una firma y me dijo que un poema que mío que se titula ‘Tarde otra vez’ le había ayudado a superar una ruptura. Ese poema lo escribí porque una amiga mía había fallecido de cáncer. No tenía absolutamente nada que ver la temática con la que él lo asoció con el motivo por el que yo lo había escrito, pero ¿qué le voy a decir? No has entendido nada, para nada, lo has entendido todo. Si a ti ese poema te ha dicho eso, lo has entendido bien.

 

S.- En ese caso tu poema sirvió para dos cosas. Sirvió para ti y sirvió para él.

Y eso es lo más grande. Totalmente.

 

 

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