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El Gavia se congela y el trono del Mortirolo busca nuevo rey

Historias del Giro de Italia y 'la remontada, un minuto en pie sobre los pedales, un minuto sentado'

La noticia se confirmó y la frustración prendió en algunos de los más corredores más jóvenes enrolados en el Giro 2019. Es cierto que la carrera italiana apenas ha pasado por su cima en una decena de ocasiones, pero también lo es que ‘il passo Gavia’ respira leyenda por sus dos vertientes. Así que la suspensión de su ascensión prevista para hoy martes, 28 de mayo, supone un palo para las ilusiones de los ciclistas que aman y respetan su deporte, sabedores de que las buenas historias -y en puertos como el Gavia se han escrito algunas de los mejores- son la fuerza más potente de la Humanidad. Así, para corredores como Héctor Carretero -debutante en una grande y con el objetivo de ganar la Corsa Rosa poniendo sus pedaladas al servicio de sus líderes Carapaz y Landa- la noticia ha sido como contarla a un niño que los reyes magos no existen. Así lo describía Carlos Arribas en su crónica de El País, el pasado sábado.

 

 

Carretero y otros cuantos ciclistas de su generación conocieron el Gavia por televisión en 1988, cuando un temporal de nieve, viento y muy bajas temperaturas acompañó a los corredores en su ascensión y, sobre todo, en su descenso. Fue el Giro que ganó el americano Andrew Hampsteen.  Fue un 5 de junio. Era el año 1988 y la participación en la carrera se había calificado de lujo. Zimmermann, Hampsten, Breukink, Delgado -que acudía con la intención de preparar un Tour que terminaría ganando-, o Bernard, entre otros, frente al pelotón italiano formado por Giupponi, Saronni, Chioccioli y Visentini. El reclamo periodístico que hablaba de  Italia contra el resto del mundo pasó a segundo plano cuando el pelotón comenzó a adentrarse en las primeras estribaciones del Gavia. Aquello pintaba mal. Lo cierto es que el parte meteorológico lo advertía. Mal tiempo, fuertes nevadas, temperaturas bajo cero. Y el vaticinio se cumplió. El cielo escupía nieve y la carretera la rebotaba; entre medio los ciclistas ateridos de frío. La etapa se convirtió en una carrera de supervivencia, los corredores alcanzaban la cima del Gavia y se introducían en los coches del equipo para entrar en calor, los directores les ofrecían te caliente y en vez de beberlo lo vertían sobre sus manos para recuperar la sensibilidad de los dedos ante una bajada en la que se antojaba una odisea guiar la bicicleta sobre la nieve, el hielo en las zonas de sombra y los tramos de carretera mojada, con las manos insensibles. Ganó la etapa el holandés Erick Breukink y Hampsteen se vistió de rosa. La Gazzetta dello Sport tituló aquel día. “Breukink el más estúpido de todos”.

 

Este año la organización ha trabajado duro en la limpieza de la calzada que lleva hasta la cima del Gavia, pero a cada lado, en sus cunetas, se han formado extraordinarios muros de nieve y hielo que en algunos tramos alcanza alturas de hasta doce metros, que pondrían en dificultades al mismísimo Rey de la Noche. Demasiado elevado el riesgo de aludes cuando por entre el cañón formado entre naturaleza y máquinas deben transitar más de ciento cincuenta ciclistas y una caravana sinfín de vehículos. Carretero y otros como él deberán esperar para hacer transitar sus tubulares a través de la leyenda del 88. Deberán conformarse -bendito conformismo- con ascender el Mortorilo, Aprica y un nuevo puerto en el recorrido del Giro, como es el Passo Cevo. 

 

El Mortirolo forma parte del Giro desde 1990, pero no fue hasta cuatro años después cuando adquirió su condición de decisivo. Ese año, Marco Pantani reventó la carrera con un ataque a pie de puerto. Eugene Berzín, que era el líder de la carrera, trató de seguirle y reventó. Apunto estuvo de costarle su asodía al ruso la victoria final. Decisiva fue de nuevo la ascensión al Mortirolo en 1996. Entonces el líder era Abraham Olano. Sus cuatro perseguidores en la clasificación general - Zaina, Tonkov, Ugrumov y Gotti- tensaron el ritmo al comenzar el puerto y Olano cedió. Finalmente, Tonkov vistió la maglia rosa en Milán.

 

Contador ha sido protagonista especial en la montaña italiana. En 1999 respondió a los múltiples ataques de Rico, Diluca y Sella. En 2015, Contador y el Mortirolo unieron su leyenda para siempre. El corredor español era el líder de la carrera, la etapa se aproxima al inicio del mítico puerto cuando la imagen de la cámara del helicóptero mostraba a Alberto Contador detenido, pie a tierra, junto a su bicicleta a la espera del coche del equipo para reparar un inoportuno pinchazo. Por delante, en cabeza de carrera, Fabio Aru cabalgaba desatado, en compañía de su por entonces compañero de equipo Mikel Landa y de hasta en la fecha desconocido holandés, Steven Kruijsvijk. De nuevo sobre su bicicleta Contador debe iniciar una remontada sobre el asfalto y las recurvas del puerto más duro de la carrera; también del más bonito. Landa acepta el reto de Aru y acelera, tanto que el italiano le pide que levante un poco el pie. Mientras tanto Kruijsvijk trata de marcharse en solitario en un par de ocasiones. Contador recupera distancia metro a metro. Un minuto sentado, un minuto en pie sobre los pedales; un minuto sentado, un minuto de pie. Acelerar, mantener; acelerar, mantener. Por la cima, Contador no sólo ha alcanzado a sus rivales, sino que pasa en primera posición. Aquella etapa que concluyó en Aprica la ganó Mikel Landa. Contador sentenció el Giro y los aficionados descubrieron a Kruijsvijk. Hoy, cuando los ciclistas afronten la etapa 15 del Giro 2019 todo parecerá igual pero tan sólo será parecido. El sentido de la carrera es el contrario; los corredores primero afrontarán Aprica y acto seguido el Mortirolo por su vertiente más dura; descenderán por donde Contador -hoy comentarista de la prueba para EuroSport- remontó en 2015, para iniciar el ascenso final a Ponte di Legno. El Gavia se esfuma; el trono del Mortirolo busca nuevo rey./Javi Muro.

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