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{VIVIR / VIDA EN LA CIUDAD}

'El planeta no está preparado para lo que se viene encima, sólo hay que mirar alrededor para anticipar el desastre'

La periodista Marta Peirano publica 'Contra el futuro'

Marta  Peirano es la autora del ensayo 'Contra el futuro', donde  lanza  una  advertencia  muy  seria  sobre  la  catástrofe  medioambiental  que  se  nos  avecina  y  sobre  la  privatización  de  las  posibles  soluciones:  «El  planeta -asegura- no está preparado para lo que se nos viene encima, aunque sabemos lo que viene». Sólo hay que  mirar  a  nuestro  alrededor  para  anticipar  el  desastre: desplazamientos masivos, degradación democrática,  crímenes  contra  la  humanidad,  dependencia energética... Un ejemplo concreto: Rusia ha recibido a día de hoy —cuando este libro fue a la imprenta— 2.778 sanciones por su invasión de Ucrania. Pero ninguna guarda relación con su incumplimiento de los compromisos climáticos. Es  más,  la  crisis  en  Ucrania  ha  hecho  evidente  el  problema  energético  y  alimenticio  al  que  se  enfrenta el mundo.

 

Marta Peirano es periodista. Fundó las secciones de Cultura de ADN y eldiario.es, donde ha sido jefa de Cultura y Tecnología y adjunta al director. Ha sido codirectora de Copyfight y cofundadora de Hack Hackers Berlin y de Cryptoparty Berlin. Ha escrito libros sobre autómatas, sistemas de notación y un ensayo sobre vigilancia y criptografía llamado El pequeño libro rojo del activista en la red, con prólogo de Edward Snowden. Su charla TED, 'Por qué me vigilan si no soy nadie', supera ya los dos millones de visitas. Se la puede ver en los debates de radio y televisión hablando de vigilancia, infraestructuras, soberanía tecnológica, propaganda computacional y cambio climático. Vive entre Madrid y Berlín.

«La  invasión  de  Ucrania  ha  visibilizado  de  forma dramática el peso geopolítico de nuestra adicción al petróleo y al gas de países como Rusia o los Emiratos Árabes. Es el momento de establecer un marco de gestión que permita la colaboración entre vecinos e instituciones. No tiene sentido esperar». 'Contra el futuro'  no  es  un  libro  sobre  la  guerra  de  Ucrania, sino sobre otro tipo de contienda que, aun estando delante de nuestras narices, nos negamos a ver: la que se libra contra las empresas privadas que  fingen  buscar  soluciones  a  la  catástrofe  medioambiental cuando, en realidad, sólo persiguen su propio beneficio económico. "De hecho, muchas de esas multinacionales o millonarios generan más gases de efecto invernadero que ciudades enteras. De ahí que la autora -describe el dossier del libro- afirme que hemos cambiado peligrosamente de modelo: del 'paradigma Carl Sagan', que aboga por la colaboración científica en pro de mejorar la habitabilidad del planeta, al 'paradigma Von Braun', que auspicia un egoísmo capitalista que finge buscar el bien común cuando en verdad sólo desea su propio enriquecimiento.

 

Elon Musk, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg son los ejemplos perfectos de este segundo paradigma. Respecto  al  primero,  no  hay  ningún  nombre  que dar, puesto que la auténtica lucha contra el desmoronamiento ecológico, político y social al que nos enfrentamos tiene como único protagonista a una comunidad científica que trabaja en red y que evita el protagonismo personal. «El arquetipo domina el relato científico igual que domina todos los relatos, con su narcisismo icónico, lleno de drama e intensidad. Lo quiere individualista, heroico y certero, centrado en un solo acontecimiento crucial. Necesita la especificidad  del  triunfo  individual  de  un  visionario —hombre, blanco y europeo— que se sobrepone a los obstáculos produciendo el momento eureka que cambiara el mundo. Retrata la ciencia en estado binario, donde el genio es la inspiración que visita al científico una  noche  para  encenderle  la  luz.  Incluso  cuando cabalga a hombros de gigantes, los gigantes no son comunidades, sino visionarios (blancos y europeos) como él».

 

La  humanidad  está  al  borde  de  la  extinción.  "Los relatos mitológicos que hablan de desastres ecológicos  universales,  el  más  famosos  de  los  cuales es el del Diluvio, nos han enseñado que la raza humana siempre sobrevive a las catástrofes, aunque sea por los pelos, y que a continuación reinicia el mundo normalmente para cometer los mismos errores que imperaban antes de la hecatombe. Sin embargo, ahora contamos con un elemento que no poseían nuestros antepasados: la tecnología. Existen soluciones para frenar el calentamiento global, pero, antes de implementarlas, es necesario acabar con el feudalismo climático y el 'capitalismo desastre'.

 

"La crisis climática no es un problema técnicon -apunta- porque  tenemos  los  medios  técnicos  para  resolverla, y tenemos la información. Tampoco es un problema retorcido sobre cuya definición no hay consenso o en el que hay competencia excluyente entre las autoridades que lo definen. Es  un  problema  complejo,  porque  existe  consenso entre las autoridades científicas de todo el mundo sobre su origen, sus causas y  agravantes,  y  existen  los  instrumentos  científicos capaces de monitorizar su estado y evolución, pero requiere una estrategia de soluciones múltiples, a veces contradictorias, en lugar de una sola grande". Marta Peirano ha escrito 'Contra el futuro' "para recordarnos que no estamos indefensos ante la avaricia de las empresas y la incompetencia de los gobiernos. La cooperación entre la comunidad científica y la sociedad civil puede ser la solución. Hay que crear un 'ejército civil' contra la crisis climática y trabajar de un modo altruista para que nadie  se  quede  en  el  camino.  A  fin  de  cuentas,  vivimos en un mundo repleto de seres vivos y la muerte de cualquiera de ellos implicará, aunque nos neguemos a aceptarlo, la aniquilación de todos los demás".

 

«Somos  la  especie  más  emocionalmente  evolucionada  del  planeta,  y  cambiamos  cada vez más deprisa. En los últimos ciento cincuenta  años  hemos  matado  a  Dios,  abolido la esclavitud, liberado a las mujeres y legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo. También hemos reconocido que la amenaza más grave contra nuestra existencia somos nosotros mismos. Queremos mejorar. Podemos hacerlo. Pero tenemos poco tiempo y estamos en una encrucijada; podemos tratar de restaurar el hábitat del que dependemos o huir del planeta humeante y empezar otra vez".

 

EL FUTURO QUE NOS ESPERA

Los ricos quieren ganar dinero: Elon Musk y Jeff Bezos, los dos hombres más ricos del planeta, proponen abandonar el planeta antes de que se produzca  la  gran  extinción.  Sin  embargo,  sólo  hay  que  ver  sus  modelos  empresariales  para  comprender  que  ellos  son  en  gran  medida  los  responsables de dicha extinción, principalmente porque generan enormes cantidades de gases de efecto invernadero y porque no usan sus recursos para ayudar a la humanidad, sino para iniciar una carrera espacial de la que sólo podrán beneficiarse personas igual de adineradas que ellos, y que dejará en la estacada al 99 por ciento de la población. "En democracia, la ciudadanía tiene recursos para opinar sobre la dirección de los fondos públicos y del gobierno en general. Pero nadie ha votado por Jeff Bezos o Elon Musk. Nadie ha acudido a las urnas para que cambien el destino de la raza humana y, por el mismo motivo, nadie puede someter su liderazgo a debate público cada cuatro años, ni exonerarlos de la misión si no la ejecutan de acuerdo con los objetivos acordados y vinculados al bien común. Quieren salvar a la humanidad pero sin incluir a sus constituyentes".

Necesitamos  recuperar  el  modelo  Carl  Sagan: Los grandes avances científicos del siglo XX y del XXI, y en especial aquellos que afectan a  la  supervivencia  en  el  planeta,  han  venido  propiciados por el intercambio de conocimientos entre científicos del mundo entero. Es lo que se conoce  como  'paradigma  Carl  Sagan',  que  básicamente es una propuesta de no malgastar recursos económicos en proyectos que prometan imposibles, sino en otros que busquen solucionar los  problemas  que  ahora  nos  rodean. En  otras  palabras: en vez de obsesionarnos con la idea de que el futuro está en la colonización de Marte, lo que tenemos que hacer es obsesionarnos con la idea de que hay que conseguir que podamos seguir viviendo en la Tierra. «La  visión  científica  del  progreso,  que  comparten la mayor parte de los científicos desde entonces, es que la observación y el análisis  colectivos  de  los  fenómenos  del  universo a través de instrumentos cada vez más precisos son más valiosos para la ciencia que la conquista y transformación de nuevos espacios a golpe de ingeniería imperial. Esta visión alternativa al paradigma Van Braun se conoce vulgarmente como 'paradigma Carl Sagan'».

 

El calor que nos impedirá sudar.

Como dice el profesor de ciencias atmosféricas Andrew Dessier (Universidad  de  Texas),  "cada  año  durante  el  resto de tu vida va a ser el año más caluroso jamás registrado". El mundo alcanzará en breve un tipo de temperatura húmeda que causará millones de muertos, principalmente por la imposibilidad de sudar. Y, mientras nos acercamos a ese escenario, los  gobiernos  y  la  industria  se  comprometen  a  cumplir unos objetivos de emisión que después nunca alcanzan. "Afrontar una cadena causa-efecto tan larga requiere políticos capaces de hacer lo que es necesario, en ambos extremos del espectro ideológico. Visionarios con verdadera voluntad de  servicio  público  y  un  sentido  histórico  de  la  responsabilidad.  Lideres  capaces  de  atravesar la espesa niebla de individualismo, miedo y partidismo que domina el ecosistema político  con  un  proyecto  a  largo  plazo  que  motive  a  la  población  hacia  una  década  de  esfuerzo  colectivo,  con  la  ciencia  como  única  certidumbre  y  el  futuro  como  única  recompensa".

 

Las máquinas.

"La geoingeniería propone formas de solventar el problema que son espectaculares, heroicas y, también, rimbombantes. Pero sólo hay que analizar los datos para ver que todo es mentira: la tecnología de captación, extracción y secuestro de partículas de carbono no consiguen su objetivo, pero permite que las grandes empresas laven su imagen vendiendo la idea de que están limpiando el  planeta.  Siguen  produciendo  con  la  misma  intensidad  que  antes  y  nosotros  nos  dejamos  engañar: porque todos sabemos que no hay mejor máquina para la captación de CO2 que esas selvas tropicales que estamos talando".

 

«Son como los viajes a Marte, una historia de un desastre medioambiental y una tecnología que nos salva que se podrá seguir en Netflix, debatir en Twitter y memetizar en TikTok e Instagram  sin  renunciar  a  las  botellas  de  plástico,  los  modelos  de  temporada,  los  aviones a la playa y el chuletón. Mejor todavía: están libres de culpa porque, si no funcionan, no puede ser culpa nuestra porque no hicimos nada. Para perder hay que jugar. Finalmente, si los países no cumplen los objetivos o los cálculos de la industria no son los correctos, siempre podemos inyectar un buen chorro de dióxido de azufre en la atmosfera para que sus partículas reflectantes nos protejan del sol. El problema es que no existe una tecnología lo suficientemente  rentable,  escalable  y  sostenible  para  hacer  ninguna  de  las  dos  cosas».

 

No existen las «smart cities».

En 2050, el 70 por ciento de la población vivirá en centros urbanos. Si hoy las ciudades consumen el 75 por ciento de la energía mundial y generan el 80 por ciento de las emisiones, el desastre está asegurado. "Además, todos los proyectos de «smart cities» que se han puesto en marcha han demostrado que se trata de  ciudades  amuralladas  en  las  que  sólo  viven  quienes tienen el dinero como para poder hacerlo y que sus habitantes acaban siendo egoístas que se  despreocupan  de  los  otros  seres  humanos.  Eso sin tener en cuenta que, hasta la fecha, esas mismas ciudades son más contaminantes que las urbes contaminantes. La única diferencia es que su contaminación no afecta a sus habitantes, sino a los de fuera de sus murallas".

 

«Como la gran máquina de captura y secuestro de CO2 que genera más contaminación de la  que  captura,  la  smart  city  se  propone  como la única solución a la crisis ecológica y  energética,  pero  solo  la  empeora.  "Es  la ontología de los negocios por la cual es obvio que todo en la sociedad, incluyendo la sanidad y la educación, debería ser manejado como un negocios que Mark Fisher describe como 'Realismo Capitalista', pero quizá mejorada. Al cambiar la realidad de la privatización por la ilusión de lo automático, el proceso queda protegido de la fiscalización democrática en la oscuridad de la caja negra. De este modo, la encarnación tecnológica del libre comercio y la desregulación puede disfrazarse de progreso».

 

Formas de anticiparse a la crisis.

"Por suerte, todavía estamos a tiempo de iniciar la transformación que nos salvará. Tenemos que encontrar nuevas formas de vivir. Pero no multando a la gente que no sigue las normas referentes al consumo energético, sino enseñándoles a vivir según las ciencias del comportamiento.  Hay  que  conseguir  que  los  edificios empiecen a usar contadores energéticos que  no  malgasten  recursos.  Además,  hay  que  crear redes de comunicación ajenas al internet convencional —que roba datos— que permitan a los ayuntamientos o a las comunidades locales gestionar  sus  propios  recursos.  La  soberanía  energética  de  los  edificios,  de  los  barrios  y,  por  ende, de las ciudades es la única solución. Pero requiere que la sociedad civil colabore, algo que sólo se consigue 'resociabilizando' unas instituciones que hoy se venden a las multinacionales.

 

«Un Stack social donde cada edificio fuese un ecosistema  de  información autosuficiente  que contuviese y procesara la información local en un servidor dedicado y donde 'la Nube' sería una proyección deliberada de varios ecosistemas que se conectan entre ellos por decisión expresa de la comunidad, cuando forman parte de un proyecto conjunto. Un servidor en cada edificio podría  incluir otras  funciones  útiles  para  los  vecinos,  como  boletines  de  anuncios  para  el  intercambio y la compraventa de ropa, muebles o electrodomésticos, recomendaciones de manitas locales  y  peticiones  de  ayuda  como  regar  las  plantas durante las vacaciones, vigilar a los niños en un aprieto o pasear una mascota durante una enfermedad»./SPOONFUL

 

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