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{VIVIR / VIDA EN LA CIUDAD}

'En Calatrava se junta todo, es el paradigma de lo que no se debe hacer'

Iñaki Gómez, la mitad de 'Los Iñakis', habla de su carrera y de su visión de la arquitectura actual

Iñaki Gómez no entiende la arquitectura sino es en equipo. Desde sus primeros pasos –proyectos en este caso- comparte estudio y proceso creativo junto a José Ignacio Amat. En el mundillo les conocen como ‘Los Ignacios’ o ‘Los Iñakis’. Iñaki Gómez alude a la idea del lujo al referirse al modo de trabajo que han puesto en práctica. Se refiere a compartir propuestas, decisiones, problemas, satisfacciones; todo eso lo describe como algo extraordinario. Calificativo que emplea también al hecho de poder compaginar arquitectura y docencia. Iñaki –Gómez- cree, a pesar de los malos ejemplos, que la mayoría de los arquitectos mantiene el compromiso de servicio que lleva parejo la profesión. Acaban –‘Los Iñakis’- de entregar ‘Casa Farias’, una obra situada en la calle Mayor de Logroño, que va a ser la sede de Cáritas en Logroño. “Es una enorme satisfacción –dice-, poder mejorar la vida de gente que trabaja todo el día para mejorar la vida de los demás". /Javi Muro


SPOONFUL.- El arquitecto Santiago Calatrava va a ser juzgado en Italia por el proyecto del puente de Venecia y, en concreto por causar daños al erario público por valor de 3,8 millones de euros. Un arquitecto estrella. Parece que la arquitectura al mismo tiempo que la crisis económica se ha visto incluida, de alguna manera, en el mismo, saco…

En un artículo de prensa hablaban el otro día de arquitecto estrella, arquitecto estrellado, en relación a Santiago Calatrava. Hablaban de un problema que había tenido en las bodegas Ysios, en Laguardia. Deben de ser varios millones de euros el coste de la reparación y la propiedad ha dicho que tiene que haber un responsable. Al final, parece que sí… que se le requiere al arquitecto por tratarse de un error gravísimo. Nos estamos encontrando con obras faraónicas de mantenimiento muy costoso. Además, ahora, empezamos a pensar que a medio y corto plazo su pervivencia no es buena… pero ahí también tienen mucho que ver los políticos que la han autorizado, los políticos que se han servido del marchamo del arquitecto estrella para vender una buena acción de gobierno… podíamos implicar al técnico, al medio de comunicación… y a los demás, que en vez de denunciar que esas cosas no tienen ningún sentido miramos para otro lado o igual, no nos damos cuenta de que se estaba destinando tantísimo dinero…  Porque en una obra privada… vale, … pero ¿en una obra pública? Millones y millones sin concurso previo y ¿Cómo ha podido ocurrir?... pues ha ocurrido. En Calatrava se está juntando todo, es como el paradigma de lo que no se debe hacer, lo cual no quita para que tenga una obra muy interesante y cuente con una serie de proyectos dignísimos. Pero la forma de llegar a ellos… ahora mismo, es para echarse las manos a la cabeza.


S.- ¿Qué culpa tiene el seguidismo o la ‘envidia’ de los resultados obtenidos por el efecto Guggenheim?

Bilbao ha tenido una transformación maravillosa. Nunca lo había pensado, pero es posible que el efecto Ghery/Guggenheim haya producido algún tipo de contagio. Creo que esa tendencia a los edificios faraónicos viene incluso de antes, aunque sí es cierto que determinadas obras de los denominados arquitectos estrella han tenido efectos positivos tremendos. Otra cosa es que, por ejemplo en Bilbao, se estén planteando cada vez que tienen que limpiar el titanio el coste que tiene… y seguirán diciendo que genial, que regeneró la zona… pero ¿a un coste asumible? No lo sé. En el caso de Bilbao puede que sí, porque es además una obra que ha trascendido y ha incrementado muchísimo el turismo y eso es una riqueza importante para la ciudad, pero entre el blanco y el negro hay muchos grises.


S.- ¿Imaginabas, cuando estabas estudiando, que la profesión de arquitecto iba a ser como ha sido? ¿Cómo es ahora?

En parte sí, porque en está vidas hay algunos lujos y uno es trabajar en lo que siempre has querido hacerlo. Yo soy de vocación temprana y un poco sí que tenía claro cómo iba a ser la profesión de arquitecto. Me viene de tradición familiar, no por mi padre que no era arquitecto, sino porque él tenía una empresa de acero. Ahí, en la empresa, veía a mi padre con los planos y a mí me parecía alucinante que desde unos dibujos en papel –que por supuesto yo entonces no sabía interpretar-, después en las obras surgían estructuras que eran firmes… un edificio de viviendas, una nave, lo que fuera…  Esa parte, ese camino del papel a lo construido, de darle forma, esa parte la imaginé con creces que iba a ser tal y como ha sido. En ese aspecto sí, pero también es cierto que lo que no intuyes ni te enseñan en la escuela, y es muy importante en la profesión y nadie te lo ha enseñado, es la parte económica, el trato con instituciones y clientes. La parte técnica y creativa sí la intuyes, pero luego la de horas que te llevan temas de administración, de gestión, esos son inimaginables.


S.- Por lo que cuentas, siempre tuviste claro que serías arquitecto, ¿no?

Bueno… en la medida que un niño pequeño puede tener claro las cosas. Sí… -reflexiona unas segundos-, sí, siendo adolescente creo que ya lo tenía bastante claro. Ahí estaba también mi afición por dibujo, que desde niño me atraía mucho. Y sobre todo, esa cosa que a mí me parecía mágica que era pasar un proyecto de la mente al papel y del papel a la realidad. Eso me resultaba alucinante y, además, muy complejo y muy difícil, ... que la estructura se mantuviese y que los grifos funcionaran. Cosas tan básicas… que me hacían preguntarme ¿Cómo se puede hacer?, pues mira, se puede, se puede.
S.- ¿Tienes unos arquitectos referentes? ¿Una arquitectura que te guste más? ¿Quizá esos gustos hayan ido evolucionando con el tiempo?

Sí, aunque quizá con el tiempo no soy muy fiel a lo que recuerdo. Sabes lo que sucede, que en temas de arquitectura siempre hablo en primera persona del plural, porque desde el primer momento comparto el estudio con mi compañero José Ignacio Amat, por eso hablo en plural, porque se trata de lo que hemos ido haciendo, porque lo que hemos trabajado todos estos años ha sido siempre en equipo. Tengo una visión de la arquitectura muy poco individualista. A José Ignacio y a mí no nos gustan exactamente las mismas cosas, no tenemos exactamente las mismas inquietudes, pero sí es cierto que tenemos un sustrato común muy fuerte que supongo es el que explica que estemos trabajando tan a gusto desde hace tantos años. El año pasado hicimos las bodas de plata profesionales. Creo que somos muy de fuentes clásicas para empezar, no somos de modas, cuando hablo de los clásicos no me refiero a los romanos y los griegos, sino a la arquitectura de los 30 y 40 del siglo XX. A mí, en un primer momento me atrajo Frank Lloyd Wrigth y después, Alvar Aalto, este último especialmente. Con el tiempo he podido visitar obras de ambos y lo que es un lujo es poder comprobar que lo que tu veías en planos, en fotos, que te parecía que aprendías un monton, cuando ves además cómo está ubicado en el territorio –la arquitectura no se puede entender sin el emplazamiento-, al verlas en relación en un entorno, comprobabas que eran maestros con mayúsculas. Son nombres que siempre me han parecido muy interesantes para volver a mirarlos, a estudiarlos.


S.- Hablas de visitar las obras de otros arquitectos, entonces, llegados a ese punto, ¿la arquitectura es funcionalidad o es arte?

Pues… es que tiene que ser las dos cosas. Hablando de la arquitectura clásica hay que recordar que la arquitectura tiene que ser firme, perdurable; útil, sino no se entiende; y tiene que ser hermosa. Cuando se habla de la buena arquitectura –que para gustos están los colores- no nos podemos olvidar de ninguna de las tres cosas. Firme, útil y hermosa, estos valores siguen hoy de rabiosa actualidad. No se puede entrar en esas polémicas. Sucede como en el diseño, por ejemplo, una silla es hermosa, pero… o es funcional, pero… No, tiene que ser cómoda y bella, si sólo es bonita no es una buena silla o si se rompe en cuanto te sientas no es una buena silla. Al menos tenemos que tratar de que sea así. Es lo que hablábamos antes de Calatrava, si un edificio que ha costado una fortuna, en un tramo de tiempo muy pequeño, no es firme ni útil, por muy bello y vanguardista que sea no será buena arquitectura. Ahora bien, el que reúna los tres valores sí, aunque sea un proyecto mucho más modesto.


S.-¿Pesa mucho la responsabilidad de que un edificio una vez construido vaya a permanecer durante mucho tiempo en un entorno determinado?

Sí, y debe ser así. Creo que muchos arquitectos hemos entendido siempre que la arquitectura es un compromiso; todos los trabajos tienen su parte de compromiso en la medida en que cada uno quiera dársela. La arquitectura muy especialmente, es un compromiso contigo mismo porque tienes que tratar de aportar en cada momento lo mejor que tengas y puedas a tus clientes; también es un compromiso con la ciudad y la sociedad en la que estás viviendo y claro, es lo que decíamos antes, que lo que estás haciendo perdure. Recuerda la anécdota de doña Esperanza Aguirre, cuando creía que los micrófonos estaban cerrados y dijo aquello de “a los arquitectos de Madrid había que matarlos porque sus crímenes perduraban más allá de sus vidas”, o algo así. Luego se disculpó porque se había pasado muchísimo, pero vamos a darle la vuelta… es verdad, es verdad que una obra de arte efímera pervive lo que pervive, pero en un edificio, más aún un edificio público, hay que ser muy consciente que va a perdurar, que tiene que sobrevivir por definición y eso exige la responsabilidad de tratar de hacer las cosas lo mejor posible.


S.- ¿Crees que esa responsabilidad existe, se tiene en cuenta?

Quiero pensar que sí. Aunque es cierto, y la experiencia lo demuestra, que edificios de menos de diez años están dando más problemas de conservación y mantenimiento que edificios que tienen más de un siglo de vida. Algo ha fallado, pero volvemos otra vez a esos errores que han provocado que ahora estemos como estamos. Eso no debería ocurrir, no es de recibo, y lamentablemente no es anecdótico. No puede ser que un edificio de cinco, seis, o siete años tenga problemas de mantenimiento graves o incluso estructurales; eso no puede ser. No debe ser y lamentablemente pasa y ha pasado mucho más de lo que debiera. Me resisto a creer que es generalizado, quiero creer que la inmensa mayoría del colectivo no ha participado de estas cosas. Quiero creer… no sé si por salud mental o… no sé. No creo que a sabiendas se haya participado en hacer una arquitectura en busca de beneficios económicos en vez de la perdurabilidad de los edificios. Bueno, aquello se acabó. Por las buenas o por las malas esas prácticas ya no van a tener cabida.


S.- Volviendo al tema de los arquitectos estrella, también parece que han tenido su aspecto positivo. Han servido para difundir y divulgar la arquitectura, para hacerla llegar a personas que igual no tenían un acceso demasiado sencillo…

Muy probablemente. Creo que sí. Ha habido momentos en los que gracias a esta figura del arquitecto estrella se ha hablado más de arquitectura, se ha popularizado el hecho de visitar edificios y de ir más lejos y conocer los procesos para saber por qué un edificio es así y, además ha podido tener un efecto contagio en el sentido de que todos conozcamos más las obras de otros muchos técnicos que, sin tener esa cobertura mediática, siguen haciendo cosas estupendas. Pero sí… ha existido un efecto arrastre que ha sido positivo.
S.- ¿La crisis ha provocado que esa arquitectura ‘símbolo’ que parecían perseguir algunas ciudades haya quedado atrás y ha cobrado importancia de nuevo la arquitectura que mencionabas, la de ‘firme, útil y hermoso’?

Puede ser, pero en los países donde la crisis económica ha pegado más fuerte porque en otros no es así. O, por ejemplo, esta carrera absurda por ver quien construye el edificio más alto que sigue a una velocidad de infarto. Así que cuando se bate el récord de altura, al mes y medio en un país emergente, sobre todo en Asia, ya está proyectando una más alto al anterior. Eso también es arquitectura nos guste o no nos guste. Supongo que en los países occidentales, en los que la crisis económica ha golpeado más fuerte, ese factor de nuevas arquitecturas emblemáticas pues habrá caído. Afortunadamente, en el caso de España, existe un patrimonio tan formidable que tampoco sería muy problemático. De hecho, en esta época de crisis se está volviendo mucho a la reforma, a la restauración, a la rehabilitación. Tampoco es un mal camino porque existe un patrimonio muy interesante que hay –no me gusta mucho la expresión pero la voy a usar- que poner en valor. La recuperación de patrimonio también puede ser un enganche fabuloso para la ciudad. Tampoco es mala vía. De hecho está dando más trabajo esto que la obra nueva y, por supuesto, que la obra nueva espectacular.


S.- Algunos colegas tuyos con los que hemos estado conversando en SPOONFUL apuntan que en España –arquitectos estrella aparte- en general hay una muy buena arquitectura. ¿Coincides?

Pienso que sí. Lo único que lamento es que en las últimas generaciones, donde seguro que están saliendo profesionales fabulosos, lo más triste es que aquí, en España, a penas van a tener  oportunidades y que muchos se van a ver obligados a marcharse. Se ha hecho muy buena arquitectura en España y, a pesar de algunos casos que han caído en la especulación, se ha hecho muy buena arquitectura en proyectos muy pequeñitos y también en propuestas de mayor volumen. Y esa impresión se transmite cuando ves revistas especializadas extranjeras.


S.- ¿Cuál es vuestro proceso creativo al abordar un proyecto?

Buena pregunta...Yo empecé en el 87, desde el primer momento tuve la suerte de poder compaginar dos oficios, uno el e arquitecto y otro el de profesor y mi compañero también. Creo que en esa mezcla de arquitecto y docente –relación que creo que es muy sana- nos permite a la hora de abordar un proyecto, obviamente no es igual un edificio de viviendas que restaurar la catedral de Santo Domingo, plantearnos la pregunta ¿para qué se nos necesita? Acuden a nosotros porque somos técnicos; es decir existe una necesidad y acuden a nosotros para que se resuelva. Lo primero es tener muy claro qué es lo que tenemos que resolver. Se trata de una vivienda, de una cubierta, de una nave, acotar en primer lugar lo que se necesita de nosotros. Después documentarnos para poder empezar a plantear alternativas y sopesarlas con el cliente y así ir esbozando la solución definitiva. Sin perder de vista la visión pública del proyecto.


S.- ¿Hay un edificio que te guste especialmente o que te hubiera gustado hacer?

Como proyecto construido la propia vivienda de Frank Lloyd Wright, su casa. Está en Chicago y si a mí ya me parecieron interesantes los planos –no se trata de una gran mansión-, construida es que además todo encaja con todo. La ves y no moverías nada. Me parece una preciosidad y me impresionó mucho al verla. ¿Qué nos hubiera gustado hacer? No lo sé, nunca me he parado a pensarlo. A veces hablamos de que nos hubiera gustado que nos propusieran un edificio en altura, que nunca nos han llamado para ese tipo de proyecto. No hablo de un rascacielos, sino de un ‘baja más doce’ o así…


S.- ¿Y de los vuestros con cuál te quedas?

Creo que si le haces la pregunta a mi compañero también responderá lo mismo. Hoy por hoy, esto es como los hijos, a todos los quieres mucho, pero nos gusta mucho el edificio de la parroquia de San Ezequiel Moreno en Logroño, en el barrio de El Cubo. Es uno de los proyectos que más hemos disfrutado haciéndolo y que más hemos vivido el proceso. La arquitectura religiosa es un capítulo muy importante en nuestra carrera. Hemos tenido la suerte de intervenir mucho en patrimonio religioso, ha sido un episodio fundamental. En el caso de la parroquia del barrio de El Cubo ha habido gente no creyente que nos ha dicho que entra porque se siente bien en su interior. Que alguien te diga eso porque se siente a gusto es un alago increíble.


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