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{VIVIR / VIDA EN LA CIUDAD}

De laberintos

El barrio de Varea, en la ciudad de Logroño, estrenó en agosto de 2023, un laberinto trazado en el interior del parque situado junto a la calle Artesanos, al lado de la pista deportiva ubicada al Este de la capital riojana. Una serie de caminos de arena amarilla compactada, combinada con paños de césped entre flejes de metal, dan forma al dibujo de un niño del barrio, Carlos, que entregó su diseño, al entonces candidato y hoy alcalde logroñés que aceptó la propuesta, entendida como un compromiso electoral. Y así fue, dicho y hecho. El dibujo de un niño tomó forma convirtiéndose en un laberinto de pavimento, ocupando un rectángulo de unos 200 metros cuadrados. Con éste, que yo sepa, son ya tres los pavimentos inspirados en laberintos clásicos con los que cuenta Logroño. El primero, seguramente el más conocido, se encuentra en la plaza de la Iglesia de Santiago, en pleno Camino Jacobeo, formando parte del juego de la Oca, con el que cuenta su llamativa pavimentación, desde 1991, evocando este juego que, según alguna teoría que corre por las redes, fue inventado por los Caballeros Templarios. El segundo laberinto logroñés podemos visitarlo y recorrerlo en el parque de la Isla, al Oeste de la ciudad. Inspirado en la catedral de Chartres, se realizó en el año 2015, utilizando combinaciones de adoquines organizados en un único camino con cuadrantes orientados según los puntos cardinales.  

 

En la Rioja tenemos más ejemplos de laberintos, y además tridimensionales, con paredes verticales formadas por troncos, como ocurre con el construido en el carrascal de Villarroya, hacia 2017, dentro de un espacio fantástico incluido dentro de la red de Espacios Naturales Protegidos de La Rioja, donde abundan ejemplares de árboles centenarios, como la Encina de Villarroya, que está incluida en el Catálogo de Árboles Singulares de La Rioja y cuya edad se estima en más de 450 años.

También hay otro más en el parque del Perdiguero de Calahorra, donde desde 2023, un laberinto de estacas, con un diámetro máximo de 42 metros, forma parte de la mejora del espacio natural cercano al embalse del mismo nombre. Espacios lúdicos, sin duda, que además guardan un gran simbolismo para quienes se acercan al conocimiento de su historia y significado. Y no olvidamos tampoco que también podemos encontrar laberintos sencillos, dibujados en los patios de algunos colegios. Da gusto ver cómo el alumnado infantil disfruta persiguiéndose por los caminos de pintura de colores, ajenos a aquel Minotauro cruel y legendario, ajenos al dolor y a la guerra. Por eso pienso también hoy, con tristeza, en lugares del mundo tan castigados como Gaza, Ucrania, Sudán, Bangladesh, Afganistán, El Congo...  donde los laberintos son ciudades en ruinas, donde clama el sufrimiento de miles y miles de personas que despiertan cada día con el horror de no saber si podrán sobrevivir. Y también mi profunda admiración por quienes arriesgan su propia vida para atender a quienes más sufren. Frente a los monstruos del laberinto, siguen quedando personas cuya heroicidad no tiene límites. Ojalá sepamos ser Ariadnas, y ayudarlas cada vez más y mejor./Iñaki Gómez. Arquitecto.   

 

*Las imágenes son recreaciones de laberintos y del Mito del Laberinto.

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