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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}
'La mala costumbre', la novela que convierte la diferencia en literatura y resistencia
De Alana S. Portero
Hay libros que se leen y libros que permanecen. Novelas que entretienen durante unos días y otras que, una vez cerradas, siguen ocupando un lugar incómodo y necesario en la memoria del lector. 'La mala costumbre', de Alana S. Portero, pertenece a esta última categoría. No es únicamente uno de los fenómenos editoriales más destacados de los últimos años; es, sobre todo, una obra literaria capaz de transformar la mirada de quien se acerca a sus páginas.
Desde una voz narrativa poderosa, íntima y desgarradora, Portero construye el relato de una infancia y una adolescencia marcadas por la sensación de habitar un cuerpo extraño. La protagonista crece en el barrio madrileño de San Blas durante los años ochenta, una época atravesada por las heridas sociales de la heroína, la precariedad y la desigualdad. Más tarde, la novela se adentra en el Madrid nocturno y clandestino de los noventa, donde la búsqueda de identidad se convierte también en una búsqueda de refugio, comunidad y supervivencia.
Sin embargo, reducir 'La mala costumbre' a una historia sobre identidad de género sería quedarse en la superficie. La gran virtud de la novela reside precisamente en su capacidad para hablar de cuestiones universales como el deseo de pertenecer, el miedo al rechazo, la necesidad de ser reconocido por los demás y la construcción de uno mismo frente a un mundo que insiste en imponer etiquetas.
La escritura de Portero transita con naturalidad entre la crudeza y la belleza. Hay páginas atravesadas por la violencia, la incomprensión y el dolor, pero también por una extraordinaria sensibilidad poética. La autora logra que los escenarios más duros convivan con imágenes de enorme lirismo, componiendo un universo narrativo donde los yonquis, las divas, los ángeles caídos y las mujeres que sostienen a otras mujeres adquieren una dimensión casi mitológica.
Quizá por eso la novela ha despertado una respuesta tan entusiasta entre lectores y figuras de la cultura. Pedro Almodóvar la ha recomendado para comprender el sufrimiento y el riesgo que implica nacer en un cuerpo que no encaja con la identidad propia. Elvira Lindo ha destacado su capacidad para adentrarse en el alma humana y desmontar prejuicios. Y artistas como Zahara, Elena Medel, María Sánchez o Belén Gopegui han coincidido en señalar la fuerza emocional y literaria de una obra que conmueve y transforma.
Lo más admirable de 'La mala costumbre' es que no busca la compasión del lector. Tampoco pretende ofrecer respuestas sencillas. La novela reivindica la legitimidad de la rabia frente a un sistema que margina la diferencia, pero al mismo tiempo encuentra espacio para la ternura, la solidaridad y la esperanza. En sus páginas, el resentimiento no aparece como un defecto moral, sino como una reacción humana ante la exclusión; y la identidad se presenta como una conquista cotidiana, difícil y profundamente valiosa.
El debut narrativo de Alana S. Portero confirma además la llegada de una voz literaria singular. Procedente de un universo creativo en el que confluyen el activismo, el teatro y la reflexión histórica, la autora demuestra una extraordinaria capacidad para convertir la experiencia individual en una historia colectiva. Su relato habla de una vida concreta, pero termina interpelando a cualquiera que alguna vez se haya sentido fuera de lugar.
En tiempos en los que la literatura compite con innumerables estímulos, 'La mala costumbre' recuerda cuál es una de las funciones esenciales de las novelas: ampliar nuestra capacidad de comprender a los demás. Leerla no significa únicamente conocer una historia; significa acercarse a una realidad muchas veces ignorada y descubrir, a través de la literatura, la complejidad de una experiencia humana.
Por eso, más allá de las cifras de ventas, de los premios o del reconocimiento internacional, el verdadero éxito de 'La mala costumbre' reside en algo mucho más difícil de conseguir. Se ha convertido en una de esas novelas que dejan huella. Un libro que duele, emociona y acompaña. Una voz que, después de la última página, se queda a vivir en quienes la leen./Javi Muro
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