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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}
Alquilar la tragedia
Hay quien invierte en criptomonedas o primeras ediciones de poemas rusos y luego está ese sujeto que ha decidido comprarse la suerte. No es que el azar le sonría es que lo tiene en nómina. Por eso camina tranquilo, como quien ha sobornado a la gravedad. Quizá lo haya hecho.
Mientras el resto de los mortales nos abrimos la cabeza -un día sí y otro también- contra la esquina de un mueble de IKEA que juramos haber montado bien, el tipo con suerte atraviesa campos de minas como si fueran de amapolas. Es el puto Correcaminos.
La estadística -especialmente comparada con otros que tuvieron su curro- muestra que su suerte no es una racha, asemeja más una escritura notarial. No reza, liquida facturas; ha privatizado la fortuna. Ya saben, la suerte comprada tiene ese brillo de los dientes demasiado blancos.
El tipo con suerte tiene la prepotencia del que sabe que el destino acabará pidiéndole perdón por las molestias. La coreografía del que se agacha a atarse los cordones de los zapatos mientras la bala alcanza a un mosquito que iba a contagiarle la malaria. Es el tipo que evita el piano que cae del quinto piso. Si cayera de un avión caería en un pajar y, además, encontraría la aguja.
La suerte le persigue como un comercial de telefonía a la hora de la siesta. Quizá la bala y el tipo con suerte se conocen, quizá son cómplices.
No hay nada más obsceno que un hombre que teniéndolo todo decide alquilar un poco de tragedia para salir en la foto de la pena. Asomarse al precipicio para tratar de lavar una imagen que le coloca entre los líderes más despiadados de la Historia. No hay nada más sórdido que arrendar la imagen de víctima y contraponerla al genocidio en Gaza o en Líbano o de los bombardeos de la guerra.
Que el miedo parezca real, metafísico, y no el capricho de un millonario aburrido con un 61% desaprobación popular. Ponerse en peligro cuando disfrutas de una red de acero es como hacerse un tatuaje de presidiario tumbado al sol en un yate. Es la dictadura de la compasión.
Quizá el peligro sea real. Quizá quien intentó un golpe de Estado, quien destituyó jueces a su antojo y anuló las denuncias que le afectaban directamente; quien inicio la caza de seres humanos por su raza -eso no es nuevo, otros ya lo habían hecho antes-, quien secuestró a presidentes de otros países -sí, un dictador-, quizá quien apoyó el genocidio en Gaza de la mano de su hermano del alma; quien amenazó con invadir Groenlandia porque sí; quizá quien ha reducido libertades en su país; quien ha acabado con proyectos científicos y culturales; quizá quien ha iniciado una guerra que ahora no sabe cómo finalizar; quizá, ese tipo con suerte sufra una amenaza real.
Quizá los atentados no los organice él mismo, pero como dice mi amigo Mateo: “es lo de Pedro y el lobo, lo de siembra vientos y recoge tempestades, que decía mi abuela”. Es el espíritu del trilero fracasado al que le han descubierto la bolita tantas veces ya que todas y cada unas de sus apariciones públicas parecen de atrezo. “No le deseo la muerte -afirma Mateo-, pero la cárcel tampoco estaría mal”./Javi Muro
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