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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

El hombre del pelo gris

Querido diario, 

 

Hoy en el gimnasio me ha pasado algo curioso. Allí estaba él. Un hombre de unos sesenta o algo más, con el pelo de un gris impecable. Seamos honestas, un varón de esa edad, si se mantiene bien, en forma, es un perfil de hombre que la sociedad todavía cataloga como interesante, permitiéndole seguir habitando ese lugar de icono de deseo.

 

Mientras lo observaba desde mi elíptica, me detuve a analizar la escena. "Él se acerca a una mujer de unos cuarenta años que entrena cerca y, con absoluta naturalidad, entabla una conversación casual. Es ahí donde comienza ese cortejo sutil, ese juego de seducción que fluye hasta acabar en la propuesta de ir a tomar algo". La proposición pertenece a mi imaginación. Obviamente no escuché la conversación.

 

Lo que más me impactó de mi reflexión no fue el gesto, sino la respuesta del entorno. Era un movimiento normalizado. Para un hombre que ha envejecido con acierto, iniciar ese acercamiento es un acto que no despierta extrañeza.

 

Entonces me surge la duda. Si yo ejecutara exactamente el mismo movimiento, si iniciara ese acercamiento aproximándome a un hombre de cuarenta, ¿la percepción sería la misma?

 

Sospecho que la percepción sería totalmente distinta. Mi gesto se leería como algo fuera de lugar, casi excéntrico. Es ahí donde colisionamos con la arista más afilada de nuestra cultura, la barrera de la atracción. Mientras ese hombre conserva su derecho a ser visto como alguien atractivo por una mujer mucho más joven, nosotras parecemos haber sido borradas de ese mapa. Como si al cumplir años, nuestra presencia en el deseo ajeno se fuera diluyendo hasta la invisibilidad.

 

La sociedad deja de ver a la mujer cuando deja de cumplir con los estándares de belleza sociales y culturales. Es esa presión constante que tan bien ha resumido y definido Carrie Bradshaw -el personaje interpretado por Sarah Jessica Parker en ‘Sexo en Nueva York’. Al final, parece que nuestra existencia social está ligada a una fecha de caducidad que ellos nunca tienen que firmar./Alicia Hatter



Autor: Alicia Hatter

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