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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

La rotonda y una ciudad contra los peatones

Quitar semáforos y sustituirlos por una rotonda para facilitar el incremento del tráfico rodado es arrodillarse ante el coche y gritarles a las personas, a los peatones, que sobran, que molestan. No se trata de declarar la guerra al coche, sino de priorizar a las personas en la ciudad. Las rotondas no dejan de ser como las croquetas, hay algunas muy buenas, pero no en el centro de la ciudad. Definir Logroño en función del coche -y no digo vehículos porque eso implica incluir la bici y bus urbano- es un retroceso y la ciudad lo pagará. Elegir como ejemplo de actuación la calle Chile, saturada de tráfico y ruido es una enorme equivocación. Chile sí que pide a gritos una reforma integral.

 

Hubo un tiempo en que las ciudades soñaban con terminar con el protagonismo de los coches o, al menos, en devolverlo a los peatones. Parecía una idea razonable. Los urbanistas hablaban de recuperar espacio para las personas, de ensanchar aceras, de plantar árboles y de convertir las calles en lugares donde vivir más allá de circular. Se trataba de recuperar la idea de calle, ese lugar para hacer recados, comprar, interactuar socialmente, incluso para que los niños pudieran jugar.

 

En Logroño allá por el 2003 se desarrolló un proyecto que defendía la idea de los ‘coches abajo y lo peatones arriba’. Se construyeron 12 aparcamientos subterráneos y se urbanizaron viales perimetrales que permitían -aún lo permiten- desplazarse de un punto a otro de la ciudad -Vial Norte o Vial Los Lirios -La Estrella, por ejemplo- sin tener que atravesar el centro y la ciudad consolidada. Al mismo tiempo se impulsó el transporte urbano y se crearon los parques de La Ribera, El Iregua, El Cubo o el Parque San Miguel, así como zonas verdes arboladas en nuevo barrio residencial. Entonces no se hablaba de movilidad o sostenibilidad, pero la idea era la misma. Creo que el actual alcalde formaba parte de aquel equipo de Gobierno, no sé si también compartía aquella idea de ciudad. Porque esa es la clave, tener una idea de ciudad. Lo otro son parches.

Han pasado poco más de dos décadas y existe la sensación de que aquel plan de ciudad pertenece al mismo género literario que las novelas de Julio Verne. La rotonda proyectada por el actual alcalde de Logroño en la intersección de Vara de Rey y Pérez Galdós ensalza al coche como el dios de la ciudad y recuerda a los peatones su condición de súbditos del tráfico rodado. Las personas deben pedir permiso. El incremento del tráfico expulsa a las personas y afecta gravemente al comercio del entorno. Ya se rumorea que Zara se pira después de las Navidades. Entorno hostil.

 

En pleno siglo XXI, cuando las ciudades europeas compiten por reducir tráfico, emisiones y temperaturas urbanas, Logroño responde con una glorieta para incrementar la fluidez del tráfico. La rotonda proyectada es al urbanismo lo que el fax a las telecomunicaciones. 

 

Presume el alcalde en la recreación del proyecto de crear, gracias a la rotonda, más árboles y zonas verdes. Una verdad falsa, porque si los árboles se localizan en el centro de la glorieta o en los medianiles que separan los carriles de circulación, no prestan un servicio real a las personas. No son refugio. Tan sólo elementos ornamentales. Si los árboles decanos existentes -extraordinarios generadores de sombra- se sustituyen por jardineras y arbustos en crecimiento, la ciudad retrocede y pierde a los verdaderos guerreros contra las olas de calor, el cambio climático, o la emergencia climática, llámenlo como quieran. 

 

La rotonda contradice al propio equipo de Gobierno Municipal que acaba de inaugurar un centro intergeneracional en la antigua estación de autobuses y potenciar el tráfico rodado en el entorno retraerá a niños y niñas y personas mayores de acercarse a la nueva instalación. La rotonda es todo menos una invitación.

 

La rotonda contradice también al equipo de Gobierno Municipal que hace nada presumía de los datos crecientes de usuarios del transporte urbano y ahora apuesta por priorizar el uso del coche, la mayoría de las veces ocupado tan sólo por el conductor. Más calor en el centro de la ciudad, por combustión, los frenos, los neumáticos, los sistemas de climatización y el propio asfalto, que almacena energía solar durante horas y la expulsa por la noche.

 

Entre las víctimas potenciales de la rotonda aparecen un roble americano, un tulípero de Virginia, varios arbustos y quizá algunos cipreses. No parece una tragedia hasta que recordamos que encadenamos olas de calor, noches tropicales y temperaturas que convierten determinadas calles en una prueba de resistencia física desde la primavera. 

 

Quizá lo más desconcertante de todo sea la ausencia de ambición. Porque el debate no es sólo sobre una glorieta. El debate es qué ciudad quiere ser Logroño dentro de veinte años. Una ciudad diseñada para atravesarla en coche o una ciudad diseñada para vivirla. Una ciudad donde los árboles sean considerados infraestructura esencial o donde se contemplen como obstáculos para mejorar el tráfico. Una ciudad para las personas o una ciudad para los coches. Lo sorprendente es que esta discusión ya parecía resuelta hace dos décadas. Y, sin embargo, aquí estamos, talando sombra para que circulen mejor unos vehículos que pasarán unos segundos por el lugar y desaparecerán. Los árboles, en cambio, pensaban quedarse./Javi Muro



Autor: Javier Muro

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