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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}
Maricarmen y los buitres, 'compra con bicho dentro'
La Constitución española es violada todos los días. Basta con mirar el artículo 47, ese que dice que todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna y adecuada y que los poderes públicos deben regular el suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. El artículo está ahí, solemne, esperando que alguien lo saque del cajón. Mientras tanto, Maricarmen, 87 años, setenta y un años viviendo en la misma casa, ha sido desahuciada. La propiedad llegó a plantearle un alquiler de hasta 2.650 euros, frente a los aproximadamente 500 que pagaba, una cantidad que supera su propia pensión. Las empresas que se dedican a la especulación inmobiliaria -en este caso Urbagestión, propiedad de Ricardo y Fernando Alonso- denominan a este tipo de operaciones ‘compra con bicho dentro’. Lo cuál ya define la catadura moral de estos empresarios. Buitres les llaman; poco me parece.
Dicen que la jueza, Elena Cortina Blanco, cumplió la ley. Y probablemente sea cierto. El problema comienza precisamente después de esa frase. Se ha cumplido la ley. Entonces, ¿qué hacemos con la Constitución? ¿Sirve para algo? Dicen que la Carta Magna -de momento sigo escribiéndo en mayúsculas- es un principio rector que debe regir la actuación de los poderes públicos. Pensaba que la Justicia formaba parte de esos poderes, pero al parecer tan sólo atañe al poder ejecutivo. Vamos a nuestros amados líderes.
Así, la Constitución es sólo una brújula que, llegado el momento, parece que podemos guardar en el mismo cajón donde dejamos las instrucciones de los muebles de Ikea. La Constitución asegura que hay que impedir la especulación y que todos tenemos derecho a una vivienda digna; el mercado inmobiliario contesta que sí, pero que primero hay que mirar el contrato, la subrogación, los plazos, la discapacidad, la ley procesal y seguramente alguna letra pequeña escondida detrás de una planta de interior. Al final, todo parece perfectamente ordenado.
Tan ordenado que una mujer de 87 años puede acabar en una camilla, tras la entrada en su casa de una veintena de antidisturbios, mientras el artículo 47 permanece impecablemente vestido y sentado en su butaca. La ley ofrecía una salida al especulador. La Constitución, al parecer, tenía una reunión lejos de allí. Una vez más.
Quizá los jueces no puedan perseguir la especulación -ellos saben más de leyes-, pero alguien debiera hacerlo. Dicen que para eso están los poderes públicos a los que la Constitución encarga impedirla. Pero no lo hacen. Entonces porque no surge un juez peinado, despeinado, con coleta o cresta, da igual, que investigue a quienes tienen las competencias en vivienda sean del color que sean, presidentes autonómicos, consejeros de vivienda, alcaldes, o concejales de urbanismo y vivienda. ¿Por qué si incumplen la Constitución reiteradamente ningún juez actúa de oficio con ellos?
Resulta extraordinario que llevemos décadas escuchando que la Constitución es la norma suprema y que, sin embargo, cuando una anciana pierde la casa donde ha vivido desde 1956, aparezca una colección de normas ‘perfectamente’ legales capaces de explicarnos por qué no podemos hacer nada. Los políticos de uno y otro lado tienen además una curiosa relación con la Carta Magna -sigo con las mayúsculas, de momento- es sagrada cuando necesitan invocarla y circunstancial cuando el artículo que toca les incomoda. ¿Por qué nos hicieron memorizar en el colegio y la universidad los artículos fundamentales de la Constitución en vez de todas esas leyes y normas ‘menores’ que eran las que al final aplican los jueces en el día a día, en la vida real? En el caso de que la vida real sea igual para todos, que lo dudo.
Maricarmen ya ha salido de su casa. Setenta y un años caben mal en una camilla, en una ambulancia o en una solución habitacional de emergencia. Quizá sea hora de preguntarse algo menos jurídico y bastante más sencillo y cívico. Si después de cumplir todas las leyes posibles una mujer de 87 años termina fuera de la casa en la que ha vivido toda su vida, ¿no habrá llegado el momento de revisar las leyes en lugar de felicitarse por haberlas cumplido? Porque una Constitución que solo sirve para ser citada en los discursos del 6 de diciembre tiene un pequeño problema, se parece demasiado a un cuadro colgado en la pared para tapar un agujero… por muy bella que sea la pintura el agujero continúa ahí. Siempre pensé que era la Norma que regía la convivencia social, pero que sabré yo./Javi Muro
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