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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}
Todos somos Zverez
Hay algo profundamente tranquilizador en que el tenista Alexander Zverev no se diera cuenta de que había ganado el Open de Estados Unidos y se dispusiera a continuar sacando. Uno espera que un tenista, después de ganar una final, sepa al menos que ya puede dejar de golpear a la pelota. Pero Zverev terminó el partido, había ganado, y aún así siguió con lo suyo. No me sorprende. Yo salgo de casa, camino veinte minutos y llego a un sitio sin saber por qué calles he pasado, qué semáforos he cruzado ni con quién me he encontrado. Si me preguntan qué he hecho durante el trayecto, puedo responder con absoluta sinceridad: llegar, que no es poco.
La vida está llena de cosas que nos ocurren mientras estamos pensando en otra cosa. Es posible que aquella chica que conocimos en una librería -por utilizar el tópico, que para eso están los tópicos- fuera la mujer de nuestra vida y nosotros estuviéramos demasiado distraídos en la sección de bolsillo. Que aquel libro que leímos y que después perdimos en una mudanza fuera precisamente el que iba a cambiar nuestra forma de mirar el mundo. Que el consejo que nos dieron en un bar y que escuchamos con la atención con la que uno lee las instrucciones de una lavadora fuera exactamente el que debíamos haber seguido.
También puede ser que el amigo con el que perdimos el contacto fuera ‘el amigo’. Que aquel trabajo que rechazamos porque pagaban poco fuera el que nos habría llevado a otra ciudad, a otra vida, a otra versión de nosotros mismos. Que la oportunidad que pasó delante de nosotros y confundimos con una molestia sea hoy aquello que llamamos melancolía. Incluso puede que aquella decisión absurda tomada un martes a las ocho de la tarde -subir a un tren, aceptar una invitación, decir que sí cuando lo sensato era decir que no- fuera el salto al vacío que nos trajo hasta aquí. Y nosotros, mientras tanto, preocupados porque habíamos olvidado comprar leche. Nosotros siempre a otras cosas. Nosotros siempre en nuestro mundo.
Quizá todos somos un poco Zverez. Todos somos un poco ese hombre que gana un punto y no sabe si ha ganado, perdido o tiene que seguir sacando. Vivimos atravesando días decisivos con la misma concentración con la que cruzamos una calle mirando el móvil. Luego, años después, alguien nos pregunta cuándo cambió todo y nosotros señalamos una fecha, una persona o una decisión, como si hubiéramos llevado un notario detrás. La realidad es que casi nunca sabemos cuándo estamos jugando el punto importante.
Así que quizá convenga seguir un poco despistados. No demasiado, porque también es posible acabar en otra ciudad buscando una farmacia y descubrir que llevamos veinte años allí por error. Pero sí lo suficiente para no convertir cada decisión en una final de Grand Slam. Zverev quiso seguir sacando porque no se había enterado de que aquello había terminado. Nosotros hacemos algo parecido cada día. Seguimos corriendo, trabajando, queriendo, perdiendo y encontrando cosas sin saber muy bien qué partido estamos jugando. Y quizá sea mejor así. No vaya a ser que, justo cuando tenemos la pelota en la mano nos demos cuenta de que es el momento decisivo y, de los nervios, cometamos tres dobles faltas en vez de una./Javi Muro
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